Sin lugar a dudas, México y su gobierno emanado de la Cuarta Transformación de la vida pública, se han constituido en un sólido puntal para sostener firme la estructura del vecino país en los momentos en que se avizora un colapso inminente por los muchos y muy graves yerros de su administración. La gallarda postura de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que no se engancha en las bravatas que vienen de allá; pero, que tampoco acepta intromisiones en los asuntos internos, es clara.
El avance de los gobiernos derechistas en América con el amañamiento de los procesos electorales y medidas de coacción, el desastre económico provocado por la guerra con Irán, que ya ha costado más de 38 mil millones de dólares y la pérdida del control del estrecho de Ormuz, la guerra económica y arancelaria con Europa y Canadá, que suscitó que haya un entendimiento mutuo para dejar fuera a un socio incómodo, la militarización de las acciones contra la migración, la constante agresión verbal contra México, son las aristas filosas de una realidad inocultable de la que tendrá que rendir cuentas.
A mes y medio de la jornada electoral del 3 de noviembre, conocida como la elección de medio tiempo, el régimen de Donald Trump no parece tenerlas todas consigo, no obstante sus exabruptos y la oferta de dinero en efectivo para los electores (dinero que, obviamente, no saldría de sus bolsillos en caso de ser necesario). La Suprema Corte, elegida a modo por él mismo, le ha propinado un serio revés al mantener la vigencia del voto por correo, con lo cual, el proceso ya ha comenzado.
Es necesario señalar que en estas elecciones estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado. El resultado determinará qué partido controlará ambas Cámaras del Congreso a partir de enero de 2027 y tendrá consecuencias sobre la capacidad de la administración de Trump para impulsar su agenda legislativa durante la segunda mitad de su mandato. En pocas palabras, le amarrarán las manos.
Hasta ahora, Trump ha gobernado de manera caprichosa y se ha arrogado el derecho de opinar, criticar y hasta insultar al resto del planeta, especialmente a los que no tienen capacidad de respuesta. Según fuentes fidedignas, ha apoyado el horrendo genocidio del pueblo palestino suministrando armamento, información y logística a las tropas sionistas de Israel con el propósito de barrer con el territorio de Gaza para hacer ahí un centro turístico exclusivo para multimillonarios en dólares.
La guerra comercial con China y el desgaste de Rusia con el apoyo al payaso Zelenski, más al reclamo de territorios autónomos o pertenecientes a otros países, incluyendo la cruenta invasión a Venezuela para apoderarse de su riqueza petrolera; el asesinato a mansalva de tripulantes de lanchas en mar abierto bajo la acusación, no probada, de narcotráfico; el asesinato de ciudadanos norteamericanos en su propia casa por parte del ICE, tendrán consecuencias.
En ese panorama, fuera de los regímenes de ultraderecha apoyados por sus agencias, al gobierno de los Estados Unidos no le queda más que un amigo; un amigo que ha sido constantemente maltratado; pero, con un alto nivel de resiliencia por su propuesta de humanismo mexicano. Un amigo que responde con precisión. Dijo la presidenta de México: “Me gustaría escuchar o ver un reporte de lo que hace el gobierno de Estados Unidos en Estados Unidos (para erradicar el tráfico y consumo de drogas)”.
La presidenta, educada, es la mano tendida de México al país que se ha echado de enemigo al resto del mundo.


