Iniciamos la semana con magníficas noticias. En lo inmediato, la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del Instituto Nacional Electoral; más allá, el triunfo de Luiz Inació Lula de Silva en la segunda vuelta del proceso electoral en Brasil y, en el sentido universal, la resistencia de la parte más sensible de sector científico de Silicon Valley a poner a disposición del sector militar la inteligencia artificial para lograr el dominio universal.
Guadalupe Taddei Zavala era tenida como un rescoldo del oprobioso reinado del príncipe Lorenzo Córdova en el aparato electoral y así lo confirmó su actuación, aunque estuvo ligada al Movimiento de Regeneración Nacional. Por principio de cuentas, seis familiares ocupan cargos en instancias de poder locales, regionales y nacionales; pero, quizá la gota que colmó el vaso de agua fueron los contratos otorgados a empresas de su entorno personal.
El caso más notable fue la asignación de contratos millonarios a las empresas Cajas Graf y Corporativo Zeg, vinculadas a José Alfredo Hernández Casillas, de su cercanía. Destaca un contrato por 197 millones de pesos por adjudicación directa para materiales de la elección judicial, así como antecedentes de contratos previos por más de 245 millones de pesos que datan de su gestión en el instituto electoral de Sonora. Su renuncia ya fue aceptada.
De película fue el cierre de la votación en Brasil. Lula empezó ganando; pero, luego, fue rebasado por Bolsonaro y fue hasta pasadas las 8 de la noche cuando, gota a gota, fue acendrándose la victoria del presidente progresista. No fue un triunfo contundente, como algunos medios quieren hacerlo aparecer; obtuvo el 51,8% de los votos válidos en un balotaje contra el senador derechista Flavio Bolsonaro, quien obtuvo 48,2%, según el escrutinio oficial. Un freno al avance de la derecha en América Latina.
Para los entendidos en la materia, como bien dijo el propio Lula, la derrota en la primera vuelta activó a los sectores que habían permanecido indiferentes por la confianza que tienen en el régimen. Los jóvenes, la gente mayor y los intelectuales, se volcaron a las calles para manifestar su inconformidad con la propuesta de la ultra derecha; luego, habría que señalar el debate de los candidatos, cuando el derechista expuso sus ideas absurdas y asustó a algunos que habían votado por él.
Por último, la militarización de la Inteligencia Artificial ha provocado que una facción de empresas líderes de Silicon Valley, como Palantir o Anduril, impulsen abiertamente la integración de sus algoritmos y sistemas de datos al aparato militar de los Estados Unidos y los conflictos bélicos que actualmente se encuentran en proceso, desplazando el uso de los recursos convencionales. De hecho, Silicon Valley nace como arma militar.
Sin embargo, la línea roja de la ética es defendida por empresas responsables como Anthropic, creadores de Claude, que han intentado imponer límites para evitar que su tecnología se use en vigilancia masiva o armas autónomas letales, lo que ha provocado choques directos con la administración estadounidense y tensiones con el gobierno de Donald Trump. Por fortuna, hay divisiones internas entre ingenieros y directivos de gigantes como Google. Es de esperarse que triunfe el deber moral.
Por ello y otras cosas más, estos fueron muy buenos días.


