Hace apenas unos días compartí mi opinión del motivo por el que, a diferencia de muchos neoloneses, no voté por Samuel García para la gubernatura del estado de Nuevo León.
Para quienes no leyeron esa entrega (me queda claro que no tienen que seguir todo lo que escribo), explicaba que mi voto no fue para Samuel porque no me gusta el discurso regionalista y ramplón que ha estado manejando desde su campaña.
Tengo unos pocos años en Monterrey, ciudad a la que le estoy agarrando mucho cariño y a donde llegué procedente de Tamaulipas; sin embargo cuando alguien como el gobernador electo dice la gente de Nuevo León son “mejores” y hasta “superiores” que los del resto de la República, me siento aludido y hasta ofendido.
Es verdad, este Estado tiene muchas cosas muy buenas, mejores que las que me tocó vivir en Matamoros y Reynosa, donde pasé la mayor parte de mi vida, pero eso no quiere decir que exista alguna superioridad.
De hecho, esa posición del gobernador electo le ganó muchas simpatías pues, desgraciadamente, es compartida por un sector de la sociedad regiomontana que se creen bordados a manos y que no les ha ganado más que el desprecio y hasta el apodo de “los chilangos del norte” (con el debido perdón a los residentes de la capital del país).
Este discurso de Samuel no debería de pasar de la anécdota de no ser que ya lo metió en su primer bronca como mandatario electo… cuando no tenía ni un día de haber recibido la constancia de mayoría.
En conferencia de prensa se aventó la bravata de que le va a poner 40 candados a las compuertas de la presa El Cuchillo y que ya no va a enviar más agua a Tamaulipas.
Su justificación: la presa está en territorio de Nuevo León y “Nuevo León es primero”.
Por supuesto que más se tardó en soltar esta amenaza que autoridades estatales y federales en salir a desmentirlo para, recordarle, que el agua no es propiedad de Nuevo León, que el hecho de que la presa esté en territorio de esta entidad es un accidente geográfico y que existe un libro, llamado Constitución Mexicana, que en su artículo 27 establece que la propiedad del vital líquido corresponde originalmente a la Nación.
Es verdad, la zona metropolitana va a sufrir una crisis de falta de agua en unos meses… y esa es una bronca que el joven gobernador va a tener que atender.
Sin embargo, pasarse por el arco del triunfo la ley y los tratados estatales que de ella emanan no son la manera de resolver estos problemas.
Parece que Samuel no se ha dado cuenta que exacerbar el regionalismo no es la mejor manera de actuar, si así lo fuera, desde hace mucho habría puntos migratorios en los territorios estatales, cada entidad emitiría sus propios pasaportes y no seríamos Nuevo León, sino la tan cacareada “República del Río Grande”.
Ya vimos qué es lo que pasa cuando un mandatario recurre a la división para ganar simpatías entre su base de seguidores.

