Por qué Army va a perder

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Desde hace días he seguido con atención todo el fenómeno que se ha generado alrededor de los conciertos en México de la banda de origen coreano BTS y las disputas que se registraron durante y después de la venta de boletos para las tres presentaciones que habrá en la capital del país.

Lo he seguido, pues me resulta muy entretenido ver las reacciones de los seguidores de esta agrupación, conocidos como ARMY —así, en mayúsculas—, que es un acrónimo de “Adorable Representative M.C. for Youth”, o “Representantes adorables M.C. para la juventud” quienes, aunque en su gran mayoría son mujeres, también tienen a algunos hombres entre sus filas.

Es verdad: las y los integrantes de ARMY no son muy distintos a los seguidores de otros fenómenos musicales como Backstreet Boys, Menudo, Magneto, The Beatles o Elvis Presley. Para decirlo con más claridad, cada generación ha tenido su ARMY. La diferencia es que ahora, con las redes sociales, esta comunidad está comunicada a nivel global; sus acciones tienen más visibilidad y los medios están sobre ellos, sabiendo que cada cosa que se escribe sobre BTS y sus seguidores va a generar tráfico en sus redes.

Gracias a las redes, han sido capaces de obligar a personajes del internet, como Iván Fematt “La Mole”, a ofrecer disculpas luego de haber hecho un chiste despectivo al grupo coreano, lo que les ha dado una imagen de ser implacables contra todos los que los critiquen.

Esto nos lleva a la guerra virtual que en estos momentos están enfrentando seguidores de BTS, no solo de México —sino de otras partes del mundo—, contra algunos revendedores de boletos que, a la fecha, están ofreciendo una entrada a los conciertos hasta en 130 mil pesos. Por medio de redes, ARMY ha llamado a un boicot generalizado a la reventa.

Hay quienes creen que estas iniciativas serán históricas, que cambiarán los hábitos de consumo y la vigilancia de las autoridades sobre las boleteras y la reventa. Sin embargo, luego de hablar con varias personas dedicadas a esta actividad —quienes la han convertido en una verdadera industria y están muy conscientes de todas las amenazas de ARMY—, me queda claro que los fans van a perder.

En estas conversaciones me explicaron varios puntos muy interesantes en los que, quiero aclarar, no es que justifique o apruebe lo que hacen o cómo lo hacen; simplemente los enumero.

Primero. No existe una mafia o una complicidad criminal de la reventa con las boleteras. Lo que sucede es que, al ser esta una industria muy lucrativa, cada revendedor tiene 10, 50 y (en algunos casos) hasta 100 trabajadores con acceso a una computadora y una cuenta de una boletera, listos para comprar apenas inician la venta en línea.

Con esta estructura es muy fácil derrotar a un adolescente en su casa, conectada o conectado al internet, esperando su lugar en la fila virtual.

Segundo. El gremio de los revendedores es muy unido, pues saben que uno que decida reducir los precios del mercado representa pérdidas millonarias para el resto y, por eso, la orden es definitiva: nadie se va a “bajar” con los boletos de BTS, pues esto generaría un precedente muy peligroso.

Tercero. Estas personas no necesitan vender todos los boletos que pueden adquirir y poner a disposición de quienes quieran comprarlos. Esto sucede porque —por ejemplo, y esto es hipotético— obtienen 10 boletos en 5 mil pesos (precio de taquilla) y luego los ofrecen en 15 mil. Si logran acomodar cuatro de esos diez boletos, no solo ya recuperaron su inversión, sino que obtuvieron una ganancia de 10 mil pesos.

Ellos saben que, llegado el momento, habrá seguidoras de BTS que van a pagar lo que les pidan por una entrada, asegurando que no perderán su inversión. Llegado este punto, pueden darse el lujo de quedarse con boletos o, incluso, venderlos a sus amistades más cercanas a precios más económicos.

Este esquema es el que me hace pensar que ARMY perderá esta guerra virtual, pues, llegado el momento, serán más fuertes las ganas de ver en vivo a su banda favorita que el boicot a la reventa, una actividad que está enraizada en México y trabaja con reglas que nunca van a cambiar.

Pasó hace apenas unos días con Bad Bunny, y seguirá pasando.

Habrá que ver qué sucede.

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