Por un año menos pior

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Pos ‘ora que inicia el 2021, no queda más que apachugar y resignarnos a seguir con los cuidados, como hemos estado desde hace 9 meses con esta larga cuarentena.

Apenas llegamos de “vacas” de la capirucha, que me quedé con las ganas de visitar los museos, nos tocó el mentado semáforo colorado, pos no tuvimos más que aguardar pa’ pasar el encierramiento con nuestros queridos parientes Miri y José.

El horror lo ves en los rostros de todos los familares que aconsejaron no vernos, pa’ que no aflore el Covid en un saludo de mano o un beso, de esos de los que se daban antes.

El Coronavirus vino a causar un desgarriate en los planes de “munchos” de los que trabajamos en la border, pero pos ni pa’ donde hacerte.

Porque si saben que como el domingo está todo cerrado en la Sultana del Norte, pos la raza prefirió irse a la tierra de los zarapes, oséase a Saltillo.

Es tanta el ansia de la salidera de la raza, que no se aguanta ni tantito pa’ salir a las calles, sobre todo en esta época decembrina que uno andaba busque y busque que regalar a familiares y compas.

Hasta la Rosa María me endecía ansina mesmo que no teníamos Covid, porque ya habían pasado cinco días desde que llegamos de la CDMX, y no teníamos síntomas de nada, nadita.

Ella hizo las matemáticas y pos según nuestros brodys que ya les dio, que ya deberíamos estar bien constripados o con otras señales como pérdida de sabor de las quesadillas sin queso o que nos diera seguidillo, como dicen que pasa a los que se contagiaron y la libraron.

A este año que pasó no tengo nada que reclamarle, más que nos tuvo bien desguanzados, con mucho estrés de que cualquier cosa que tocáramos podría pegarnos el Coronavirus.

Porque cuántas veces se tiene uno que lavar con el gel antibacterial, cuando uno abre la puerta, sale del auto, cuando lo cierras, si tocas la ventana, tomas el volante, o como cualquier cosa que uno hace diariamente.

Así hice un coraje, como un viejillo gruñón, cuando fui a Soriana y quería tomar cinco piezas recién calientitas de pan francés y me regañaron bien gacho:

– ¡Noooo señor no tome el pan, primero debe de tomar gel!

– ¿Cómo dice?-, le contesté-, pero si tengo pinzas.

– Qué no puede tomar pan si no se pone gel.

– Pero si me pusieron gel ¡dos veces!, una antes de entré al establecimiento y otra cerca del área de frutas y verduras.

Esto del Coronavirus está de locos, ya “naiden” sabe cómo trabajar en sus áreas, y nos tratan como seres irresponsables.

– Y mire señorita: ¡yo traigo mi propia botellita de gel! -, le grité, pos ésta, cuando se oyen mi voz alzada en el área de frutas y verduras, “yo no tengo la culpa de lo que esté pasando con esta pandemia”.

Y sí, debemos de ser mesurados, tomar las cosas con calma, pero no manchen, que nos regañen en todas partes por no ver las cosas con seriedad.

Si en Tamaulipas estamos en semáforo amarillo pollo es por algo, porque la raza ha sido cuidadosa, esperamos que siga así, y no se desesperen, que ya pronto se levantarán las prohibiciones del Covid. Ajá.

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