Son lo más importante de una comunidad, así a secas, sobre todo sí, sobre todo lo demás, encima de lo que sea, en primer lugar, por delante de todo lo otro, lo que ustedes quieran citar.
Y aquí en Nuevo Laredo el muy pobre, lo es aquel que no tiene ni para mercarse tan siquiera una garraleta “chocolate” de 300 a 400 dólares para no tener que treparse a un camionazo gacho.
Sí, porque si Juan Pueblo tuviera para una ranfla “checoslovaca” de esas desechables que venden en cualquier lado, totalmente orejana, sin papeles, que se mueve a la bravota, no tendría que estarle menando la mami todo el santo día a los permisionarios del transporte público, porque el camionazo gacho no pasa y van a llegar tarde a la chamba o los mocosos no acudirán al escuelín.
El ciudadano de cada población, debe ser para los gobiernos, lo más importante y si nos vamos más a fondo, sin ser clasistas, ni populistas, mucho menos populacheros, la gente de a pie, la que se mueve a golpe de calcetín, la de la chancla veloz, es la clase social más importante en toda sociedad.
El 1 de agosto del año pasado le aumentaron un peso -a 11- el pasaje del camión urbano, pues bien, ya se contempla otro incremento, dicen que será de otro pesito.
Y eso no es justo, manque el delegado del transporte público Gilberto Martínez Árcega, alegue que es de ley que cada año aumente y que el batito de marras -mientras se mueve en su carrito de golf al “Hoyo 19” de su club- argumente que se tenían entre 7 a 8 anualidades en que el “pulpo camionero” (los permisionarios) cargaban con toda la inflación, apechugaba con la carestía de la vida y no chistaban.
¡Eso vale madres! Al pobre no lo toquen, no a ese ciudadano que ni siquiera tiene los 500 varos semanales que los modernos agiotistas de las grandes tiendas -ahora metidas a bancos- les tumban de por vida, por soltarles “a cómodos pagos” una de esas mortales motocicletas chafas y desechables, de las que tiro por viaje cada semana nos enteramos de dos y tres casos de inocentes que perdieron la vida o sufrieron accidentes tan graves, tan serios que ya no volverán a ser los mismos.
Los más necesitados del pueblo quisieran no tener que esperar eternamente dos veces al día a uno de los 60 camiones que circulan por el rancho, cuando que deberían ser 323 unidades, pues esas son las concesiones otorgadas, en un incumplido compromiso gobierno-concesionarios.
Sí, los empresarios de camionazo gacho, sólo ponen 60 cafeteras a jalar.
LA LIMOUSINE DEL POBRE
Se va a cumplir un año y no se ha visto mejora alguna en el proletario transporte, el pobre ser humano, el más amolado del pueblo, gasta tiempo en relación al transporte público, a lo cual hay que sumarle que tiene que caminar la legua, porque las rutas las acortaron, las unidades ya no llegan hasta el fondo de las colonias allá en Cartolandia, la gente, después de ir a tumbos en el viaje atestado, todavía se la suda para llegar al chante o viceversa, del cantón a la parada de los cachivaches con llantas melonas.
Pero eso a los dueños -lo son- del transporte público- les importa un bledo.
Y el pueblo tiene que seguir jodiéndose, viajar como sardinas en camiones tardados, infames y desgraciados.
Ahora les van a permitir que aumenten la tarifa -“porque es de ley”, los defiende el delegado del camionazo gacho-, eso señores, es no tener progenitora.
¿Por qué no abren la oferta, hay empresas del ramo en el país, que muy bien podrían prestar el servicio del transporte urbano aquí, como ya lo hacen en otras ciudades?
¿O es mucho el compromiso con estos señores de ahora y de acá? Digo.
Feliz domingo para todos, en especial a los “choferoces” del armatoste urbano, que les pegan unas bailadas brutas a sus patroncitos, con la “planchada” de los boletos o con el cartoncito con el que tapa el lector del número de pasajeros que sube y que bajan de esas garraletas antediluvianas.


