Reclutamiento de Cárteles: Más Allá del Dinero y el Poder

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El Reclutamiento de Cárteles nace en el Tejido Social y Familiar, revela una investigación, basada en entrevistas a 79 miembros del crimen organizado.

El análisis propone el concepto de “trayectoria colectiva” para explicar cómo jóvenes ven su integración al crimen organizado como un paso lógico y natural en sus vidas.

La imagen del narcotraficante que seduce a jóvenes con promesas de dinero fácil y una vida de lujo es un lugar común en la narrativa del crimen organizado.

Sin embargo, una investigación académica pionera sugiere que el proceso de reclutamiento en los cárteles mexicanos es mucho más sutil, arraigado y, en última instancia, más difícil de combatir.

No se trata solo de ambición individual, sino de un fenómeno estructural, social que se incuba en la infancia y se consolida a través de la familia y la comunidad.

Organizaciones como la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) estiman que entre 30,000 y 45,000 menores de edad han sido reclutados por grupos delictivos.

La investigación, publicado en la revista International Sociology, titulado “Más allá del dinero, el poder y la masculinidad: Hacia una perspectiva analítica del reclutamiento en las organizaciones mexicanas de narcotraficantes”, Revela que la decisión de un joven de unirse a un cártel rara vez es un acto aislado.

Los investigadores Piotr A. Chomczyński (Universidad de Lodz, Polonia), Roger Guy (Universidad Estatal de Nueva York) y la mexicana Elena Azaola (CIESAS) proponen el concepto de “trayectoria colectiva” para describir este fenómeno.

Inmersión en el corazón del narco

Para llegar a esta conclusión, los autores realizaron un exhaustivo trabajo de campo en comunidades de la Ciudad de México como Tepito, Iztapalapa y Tacubaya, así como en centros penitenciarios.

A lo largo de varios años, lograron la confianza de un intermediario clave y realizaron entrevistas en profundidad con 79 miembros, tanto activos como exintegrantes, de cárteles como el de Sinaloa, el CJNG y La Familia Michoacana.

Encontraron una realidad compleja. Si bien la búsqueda de dinero y poder son motivaciones innegables, los autores descubrieron que el anhelo de pertenencia a un grupo, impulsado por un entorno donde el crimen es la norma, es un factor determinante.

La “Trayectoria Colectiva”: La preparación de por vida

“Las consideraciones individuales son importantes, pero se configuran durante la socialización temprana, la cual se da en un contexto grupal específico”, explicó Chomczyński.

El estudio detalla cómo muchos de los reclutas estuvieron expuestos a actividades delictivas desde la infancia, ayudando a empaquetar drogas o viendo a familiares involucrados . “Muchas de sus familias se dedican a alguna actividad criminal: el padre, el tío, el primo”, señaló un trabajador social citado en la investigación.

Esta exposición continua “satura” a los jóvenes en un entorno donde la delincuencia organizada no solo es visible, sino que a menudo eclipsa a las instituciones legítimas, ofreciendo una estructura de poder y una forma de vida aspiracional que el Estado no puede igualar.

El reclutamiento, por lo tanto, no es un evento sorpresivo, sino el resultado de una asimilación gradual facilitada por un “intermediario” que comprende y explota esta historia compartida.

“Ellos [los reclutadores] conocen nuestra situación y saben qué hacer”, confesó un miembro de 47 años del cártel.

La trampa de la pertenencia y la masculinidad

La pertenencia al grupo se convierte en un fin en sí mismo. Una vez dentro, el deseo de permanecer unido a los amigos y familiares con los que crecieron dificulta cualquier intento de desistimiento.

“Yo quisiera cambiar por mis hijos, pero es muy difícil. Todos entramos juntos”, relató un participante identificado como Pablo a los investigadores .
El estudio concluye que dejar el grupo implica un exilio social y un costo personal que va más allá de la amenaza física, ya que el miembro debe romper sus lazos con el único entorno que conoce.

La investigadora Elena Azaola detalla que la identidad de los hombres en el narco está ligada a una forma de masculinidad que exalta la violencia, el poder y la capacidad de proveer económicamente, algo inalcanzable por medios legales en contextos de pobreza extrema.

La narcocultura, los corridos y la ostentación en redes sociales refuerzan este ideal, presentando al sicario como un “guerrero” y el acto de violencia como un paso hacia el estatus.

La dimensión del problema es alarmante. Con los cárteles necesitando reponer constantemente sus filas debido a la violencia, el reclutamiento se ha convertido en un negocio de “carne de cañón”, donde la vida de los integrantes de bajo rango tiene poco valor.

“Me impactó ver cuántas personas de zonas marginadas creen que tienen muy pocas opciones en sus vidas”, declaró Chomczyński, citando a un participante que resumió su destino en una frase escalofriante: “una bala en la cabeza o la prisión”.

El estudio deja una conclusión contundente: la lucha contra el reclutamiento no puede centrarse únicamente en programas sociales o golpes a las estructuras criminales.

Es necesario un enfoque que reconstruya el tejido social, ofrezca alternativas de identidad y pertenencia, y rompa con la normalización del crimen que se transmite de generación en generación.

Mientras el crimen organizado siga siendo percibido como el principal empleador y proveedor de identidad, su fábrica de sicarios seguirá produciendo.

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