Ya trabajando con el arquitecto Carlos Reyes Escobar en el despacho ubicado en la calle Bravo entre 1 y 2, justo en frente de donde hoy es BBVA, pudo platicar muchas veces con él y refiere con gusto lo mucho que le aprendió y cuanto lo admiraba por ser una persona íntegra, con un carácter muy exigente, pero muy noble; cabe señalar que de acuerdo con el testimonio del propio Robledo afirma que fue el primero en construir naves industriales aquí en Matamoros.
Una tarde estando con su jefe y algunos de sus empleados de más años, en esos contados momentos cuando el ánimo y la inspiración se prestan para platicar y filosofar, el arquitecto Reyes le comentó a Robledo:
– Ahorita que nos estás viendo a nosotros, todos casi veinticinco años mayores que tú, ¿cómo te imaginas a ti mismo cuando tengas nuestra edad?
Al escuchar este cuestionamiento, Robledo pensó a bote pronto en la diversidad y versatilidad de Leonardo da Vinci, el polímata florentino, y no dudó ni por un segundo platicarle sus sueños a su jefe con todo el riesgo de ser considerado un loco.
-Cuando yo tenga cincuenta años voy a dejar de ser arquitecto.
– ¿Y qué vas a hacer?
-Voy a ser pintor y diez años después voy a ser escultor, y diez años después voy a ser escritor y si tengo oportunidad voy a ser músico.
Era indudable que Robledo tenía dentro de sí la fuerza de un desconocido huracán que lo hacía creer con vehemencia que la vida no valdría la pena dedicándola a una sola cosa, además, estaba convencido de que su capacidad creativa era infinita y que siempre podía dar cabida a nuevos proyectos.
En un instante afluyeron a su memoria todos los sentimientos desatados en aquella hora decisiva y fue justamente por este tiempo cuando se originó en la mente de nuestro personaje el proyecto de “La Calzada de las siete palabras”, la escultura que fue inaugurada veinticinco años después, el 30 de marzo de 2023, en el parque funeral San Joaquín, que pretende ser reconocida como la obra en la cual se puede contemplar al Cristo virtual más grande del mundo.
Una obra realizada en la que la perfección del número siete y sus múltiplos tiene mucho que ver. Un espacio de 70 metros puntuales con 7 estructuras, con las últimas siete expresiones de Jesucristo en el momento de su crucifixión, desde “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” hasta “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Debo confesar que en mi andar personal por este espacio hubo emociones que me desbordaron discretamente. Decir que la espiritualidad fluyó en mí pudiera parecer pretencioso e impreciso para otras mentes, pero un hormigueo me recorrió en el momento que me desplazaba y fue inevitable una actitud de oración de mi parte. Que cada quien viva su experiencia, habrá quien no sienta nada, pero contemplar esta obra hecha en Matamoros le da empaque y relieve a nuestra ciudad. Hasta aquí la digresión, continúo con la vida del arquitecto Robledo.
Es importante mencionar que Robledo perteneció a la Federación de los Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM), en donde presentó en dos concursos de arquitectura conocidos como bienales, por llevarse a cabo cada dos años, dos libros ilustrados con los cuales pudo comprobar que todo entusiasmo auténtico consigue darle ímpetu a la creación, y obtuvo sendos reconocimientos de primer lugar. El primero fue “Matamoros ilustrado” que incluye cien dibujos de los edificios más emblemáticos de nuestra ciudad; el segundo fue algo parecido a una secuela del mismo, titulado “Matamoros ilustrado y Brownsville”.
En su hoja de vida está que trabajó en Harlingen, Texas, para Labunsky Associates, una empresa donde diseñaba edificios que tenían que ver con el turismo. Resorts para diferentes países como Islas Caimán, Canadá, Francia, incluyendo México. Después se desplazó a Brownsville, en el despacho de John Sylar, donde siguió en el tema de los hoteles, y por último en su itinerancia laboral en EU se fue a San Antonio, Texas, a trabajar con el arquitecto Roberto Castillo, quien le propuso una oferta que le zarandeó la existencia. Le ofreció irse a trabajar a Hawái y cuando se lo propuso a su esposa Silvia ella lo miró con el amor profundo y con aire de resignación le dijo:
-Manuel, para mí hay dos cosas que son más importantes que el trabajo, y esas son la familia y las raíces. Yo a Hawái no me voy.
Esta postura de su esposa quedó impresa en su mente y en su corazón y entendió que lo perdurable siempre acaba de triunfar sobre lo efímero y solo respondió:
-Muy bien, no nos vamos a Hawái, nos quedamos en Matamoros.
Cambiando de rumbo narrativo, Robledo tuvo trato con diferentes alcaldes de Matamoros, pero llama particularmente la atención sus vivencias con Tomás Yarrington, quien en alguna ocasión lo citó en su oficina a una hora y lo recibió casi dos horas después. Robledo estaba fúrico cuando Tomás le pidió entrar. Omitiré los detalles, pero debo decir que el arquitecto molesto fue determinante y asertivo con el entonces alcalde, quien, por conocer del talento artístico de Robledo, contrario a lo que muchos hubieran supuesto, le pidió disculpas.
Querido y dilecto lector, estoy por finalizar la presente serie de personajes de Matamoros y alimentaré tu morbo antes de concluir. Debo señalar que cuando Tomás Yarrington fue gobernador de Tamaulipas autorizó que, por medio del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, que escoge a un personaje de cada estado para reconocerlo de acuerdo a su talento, el arquitecto Manuel Robledo fue galardonado como Creador emérito de Tamaulipas.
Cuando esto sucedió fue inevitable para Robledo recordar aquel desencuentro que tuvo con él en la presidencia municipal de Matamoros y le dijo a su esposa:
– Pocas personas, cuando tienen el poder en sus manos, son capaces de obrar así.
Quedan muchas cosas en el tintero de la vida de este personaje que, parafraseando a Miguel de Unamuno, lo nacieron en Monterrey, pero él escogió Matamoros como su tierra.
El tiempo hablará.

