Tamaulipas, entidad colindante con Estados Unidos, enfrentará problemas serios si la amenaza Trumpista se hace realidad: la deportación de millones de migrantes.
Recordemos que los migrantes, especialmente los extranjeros son codiciados por los grupos delictivos que operan en el estado sin que nadie los frene. ¿Qué medidas tomarán para protegerlos?
¿Cómo vigilarán que no sean presa de las redes delictivas ansiosas de sumar adeptos a su causa?
Aunado a ello el arribo de los connacionales y extranjeros que sean deportados por esta frontera representarán una carga que seguro no tienen contemplada los ayuntamientos fronterizos en sus presupuestos.
Como que se están viendo lentos las y los alcaldes de la franja fronteriza para acordar qué harán en caso de que les lleguen oleadas de migrantes esperando irse a sus lugares de origen.
Las ciudades fronterizas como Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, o Miguel Alemán y otras poblaciones pequeñas tendrían que estar hablando ya con las autoridades federales para establecer estrategias de atención.
Ello requiere presupuesto del que carecen esas poblaciones, especialmente porque la ola delictiva ha afectado la economía no sólo de la frontera, sino de todo Tamaulipas.
Recuerdo cuando Horacio Garza reunió a los alcaldes fronterizos de los estados norteños en Nuevo Laredo, esa iniciativa propició que los ingresos por peaje en los puentes internacionales registraran un incremento si no considerable, al menos contribuía a mejorar la economía de las arcas municipales.
En esa reunión celebrada a fines de la década de los noventa no hubo pleitos ni envidias partidistas, ahí estuvieron alcaldes de diferentes corrientes políticas unidos en un solo fin.
Hoy sería interesante que alguno de los munícipes fronterizos levante la mano para reunirse y acordar acciones y estrategias conjuntas, Tamaulipas necesita unión, no pleitos baratos como el que sostienen los legisladores panistas contra su compañera de partido, la alcaldesa de Reynosa Maki Ortíz, quien podría acusarlos de violar la autonomía municipal.
AMO A ANDREA
En una breve entrevista a la niña que corrigió la pronunciación al secretario de Educación Aurelio Nuño, la pequeña Andrea puntualiza que no quiso humillarlo, como han dicho, y que si le volviera a escuchar un error al hablar, corregiría de nuevo al funcionario federal.
La chiquilla con las manitas juntas y voz decidida no se arredra ante la reportera y segura le contesta que lo volvería a hacer: corregirlo, no humillarlo, que quede claro.
Mientras los memes inundan las redes burlándose del funcionario encargado de evaluar a los maestros de este país, en cualquier otra nación ese resbalón le hubiera hecho acreedor a por lo menos una reprimenda, si no es que lo hubieran obligado a renunciar o él por verguenza hubiera dejado el cargo, tal vez en Japón se hubiera hecho el hara kiri, aquí no, aquí se festeja la estulticia.
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