Vuela alto, Cielo

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No lo puedo negar, la noticia me sacudió.

Graciela Ramos Domínguez, Cielo para quienes tuvimos la fortuna de conocerla, ya se encuentra ante la presencia del Señor.

Hablar de ella me embarcaría en una jornada que duraría horas, pues fue una mujer completa, llena de cualidades que la llevaron a incursionar en la pintura, la música y la literatura, que fue donde la conocí.

Hace décadas fui invitado a participar en el Taller de Creación Literaria que impartía en su hermoso domicilio en la colonia Jardín, donde cada sesión me ayudó a desarrollar mi escritura de cuento y trascendió a maravillosos encuentros de un grupo de amigos donde las letras fueron el pegamento para compartir experiencias de vida.

Lo escribí recientemente: Cielo es una maestra y una guía en una parte muy importante e intensa de mi vida, ya que gracias a ella escribo literatura y gracias a ella me atreví a explorar una parte de mí a la que nunca habría llegado solo.

Cielo graciela ramos

Tuve la fortuna de saludarla en dos ocasiones recientes. La más cercana durante la Feria del Libro de la UANL, donde presentó su obra Azahares al oscurecer.

Sin embargo, en agosto de 2025 la vi y abracé durante el merecidísimo homenaje que se le realizó en el Parque Cultural Reynosa, donde se presentó el compilado En la margen del río, que contiene los trabajos de varios de sus alumnos del taller y en donde fui privilegiado al ser considerado.

En esa ceremonia, los organizadores me dieron la oportunidad de ofrecer unas palabras en honor a Cielo que hoy considero merecen ser recordadas, pues, pienso, engloban mucho de lo que los alumnos y amigos sentimos por nuestra querida maestra:

“Sentado frente a la hoja en blanco, me enfrento a la más antigua y poderosa pregunta que cualquiera a quien le guste jugar con las letras se tiene que hacer: ¿cómo empiezo?

Cómo resumir en unos cuantos párrafos lo que Graciela Ramos Domínguez, Cielo para todos nosotros, representó en nuestra vida, no solamente literaria, sino personal.

Cómo explicar lo afortunados que somos de que no solo nos haya guiado para mejorar nuestro estilo literario, sino que también nos haya abierto las puertas de su casa, donde se sirven esos deliciosos platillos que hacen de una velada de aprendizaje un evento inolvidable.

Decir que Cielo es una mujer generosa es quedarse corto, pues todos los que nos encontramos en esta sala podemos dar testimonio de que su ayuda fue mucho más allá de corregir un párrafo de un relato.

Gracias a Graciela, jóvenes (porque un día lo fuimos), inquietos y con la cabeza llena de palabras e historias, encontramos una forma de presentarlas al mundo, de sentirnos orgullosos de algo que hicimos.

El taller literario de Cielo es mucho más que un espacio para aprender o mejorar la técnica de escritura. Es un recinto formador donde se trabaja en serio, las opiniones son honestas y el único objetivo es que cada quien encuentre su voz.

Fue por Graciela que hace años dominamos los concursos de cuento navideño, ¿te acuerdas? Donde si no lo ganaba un servidor, lo hacía Luciano Campos… hasta que llegó nuestro querido Martín Mendo y nos dio una trapeada con ese hermoso texto de un angelito callejero.

Fue por Graciela que Luciano continuó escribiendo y ahora, varias novelas, cuentos, guiones de cine y textos después, puede decir que allá afuera hay obra con su nombre en la portada.

Gracias a su taller, Cielo tocó la vida de muchísimas personas y todos los que estamos aquí, en esta sala, celebrando su legado, somos prueba de ello.

Es por eso que este texto termina con un gracias, maestra. Gracias por todo lo que nos compartiste, gracias por tu generosidad”.

Contacto: [email protected]

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