No lo voy a negar: me da mucho gusto ver el resultado que han tenido las elecciones de medio término en Estados Unidos.
Me encanta ver los mapas pintados de azul en zonas donde antes eran rojos.
Me agrada que, luego de un par de años caóticos, alguien haya decidido ponerle un “estate quieto” al enorme bebé naranja que está sentado en la Oficina Oval, tomando decisiones como loco.
Sin embargo, lo que más me alegra es que este pasado martes la gente decidió cerrarle la puerta en las narices a la extrema derecha, que logró enquistarse en países como Chile y Argentina.
Resultados como los de Brasil, Israel y ahora la tierra de las hamburguesas demuestran que los ciudadanos están viendo el verdadero rostro de estos rapaces, a quienes solo les importa seguir enriqueciéndose a costa del resto de nosotros.
Lo escribí en redes: ver el mapa pintado de azul, pero especialmente en los estados fronterizos con México, me dice muchísimo, pues estos triunfos de políticos de origen mexicano demuestran que, cuando los “paisas” se dan cuenta de que su fuerza reside en que son millones y, en algunas zonas, hasta son mayoría, pueden lograr muchas cosas.
Aun así, ¿me da confianza que, luego de estas victorias, los mexicoamericanos dejarán de ser tan gringos como lo han sido? Naaa… a veces ellos son pior que los bolillos.
Y no quiero ser aguafiestas, pero ahora que finalmente tienen el poder en sus manos, me da mucha curiosidad qué van a hacer los demócratas con él, considerando cuál fue la plataforma con la que se presentaron ante los electores.
¿Acaso veremos el final de las exenciones fiscales a los multimillonarios?
¿Será que ahora sí encontrarán la forma de ofrecer atención médica de calidad a sus ciudadanos, sin importar el tamaño de su chequera?
¿Estamos en el umbral del final de las locas guerras militares y económicas ordenadas por Trump?
¿Regresarán al oscuro pozo del que nunca debieron salir los remedos de paramilitares que son los integrantes del ICE?
Todo esto lo pueden hacer: tienen el control del Senado y de la Cámara de Representantes y, si un día el presidente decide vetar alguna de estas propuestas, no dudo que van a encontrar en las filas de los republicanos a senadores y congresistas deseosos de ponerse del lado correcto de la historia con tal de salvar su pellejo y mantenerse en sus curules.
Aquí el chiste no es ver si se atreven a hacerlo, sino tienen el talento y material humano para lograrlo pues un cambio como este representaría meterse a cambiar las raíces no solo de su sistema económico, sino de su estructura social.
Será muy interesante ver lo que viene.


