La noche en la que Guillermo Ochoa mutó en una leyenda

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Ciudad de México.-

Todavía no entraba, aún realizaba sus ejercicios de calentamiento y el Estadio Ciudad de México ya ovacionaba a Guillermo Ochoa.

Memo, quien se encuentra en su sexta Copa del Mundo, recibió la oportunidad esperada. Javier Aguirre negó un día antes que fuera homenaje, que quien jugara sería por merecimiento propio.

Después del segundo gol tricolor, el de Julián Quiñones, el “Vasco” habló con él, le dio indicaciones y —de a poco— la afición en el Estadio Azteca se percató de que el ingreso se daría.

Y el momento llegó al minuto 77. Raúl Rangel dejó su lugar a Ochoa, quien entró en medio de una ovación digna de leyenda.

“¡Oe, oe, oe, Memo, Memo!”, la gente no dejaba de ovacionar al meta, quien vive su sexta Copa del Mundo y la cuarta con minutos sumados. Al ingresar, Edson Álvarez le dejó la cinta de capitán.

“Este es mi club, son muchos momentos con la Selección, en eliminatorias, momentos de Mundiales, con el cariño de la gente”, atinó a decir, tras el partido. “Estoy agradecido, no tengo nada más que palabras de agradecimiento con la gente, con los compañeros, con el entrenador, por dejarme vivir este último momento”.

La afición y el equipo respaldaron la decisión de Aguirre. Guillermo sólo alzó las manos y agradeció al público, que se le entregó de forma impresionante.

“Fue lo más bonito”, confesó. “Me voy con la cabeza en alto. El equipo sigue, pero —en lo personal— siento el vacío por haberle entregado todo a la Selección”.

Al término del partido, Memo se recargó en una pierna sobre el manchón de penalti, lloró unos momentos a solas, hasta que llegó todo el equipo a abrazarlo.

Fue su noche, la noche que esperaba y que su equipo le dio como agradecimiento a lo hecho durante más de 20 años en el futbol mexicano. El colofón ideal a una velada histórica para el Tricolor.

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