Monterrey, N.L.-
Esta vez no quiero hacer una crónica del concierto del legendario músico británico Roger Waters a quien, por cierto, he visto en cuatro ocasiones. Un psicodélico espectáculo en la Arena Monterrey que quiero resumir con un comentario de un joven adolescente que hizo a su padre: “¡Nunca había visto algo así!”.
Al bajista, vocalista y letrista de Pink Floyd en sus inicios, no le pesan sus 75 años para ofrecer un show único que reúne a padres, hijos y nietos sin importar si son, o no, verdaderos fanáticos y conocedores de la banda que ayudó a fundar en 1965 junto con otros músicos.
Tampoco importaba si un porcentaje de los más de 20 mil espectadores en total que asistieron los dos conciertos de más de dos horas (sábado 8 y domingo 9), sólo han escuchado Another Brick on the wall, Wish you were here, Money o Comfortably numb.
Cómo no darle la razón al joven quien seguramente, por su edad, ha visto en vivo o en la televisión a Bruno Mars, Justin Bieber y otros cantantes o DJ’s de su generación. Pero su padre quiso que lo acompañara a un show que seguramente jamás se imaginó y que nunca olvidará.
La gira 2018 “Us and Them” que terminó anoche en esta ciudad incluye canciones de sus diferentes álbumes como The Wall, Dark side of the moon, entre otros, hasta el más reciente ¿Is this the life we really want?
Pero si algo sorprendió a los asistentes, además del cerdo y la luna inflables girando en el espacio de la Arena Monterrey, fue la pirámide de rayos láser y las pantallas que bajaron del techo donde se proyectaron videos de canciones como Money y Pigs, que ridiculiza al presidente estadounidense Donald Trump.
“Oleeeé, oleeeé, oleeeé, Ro-ger, Ro-ger”, se escuchaba mientras el músico británico se veía emocionado. Antes, había bajado del escenario para saludar de mano a los fanáticos de las primeras filas.
Y para cerrar el show cerca de la madrugada del lunes no podía faltar una de las icónicas piezas: Comfortably numb.
Al final la banda de Waters se abrazó entre coros y aplausos para terminar sus compromisos de 2018 en Monterrey, ciudad que el británico había visitado en 2007 en un concierto, casi a tres cuartos del aforo, en el Estadio Universitario.
Nadie duda que después de la respuesta del público Roger Waters volverá a Monterrey pisando los ochenta años y con otra producción, para de nuevo sorprender al joven que “nunca había visto algo así”. Y para ese tiempo su padre, a quien le tocará a él invitar, ya será abuelo.





