Michoacán se blinda con el FBI

Últimas Noticias

Morelia, Mich.-
Para que las Unidades Especializadas de Combate al Secuestro (UECS) tengan mejores resultados, se necesita de jueces y magistrados especializados y certificados que nivelen el derecho a la justicia de una víctima de delito, como lo hacen con un detenido que alega violaciones a los derechos humanos o al debido proceso y es liberado, señaló Rodrigo González Ramírez, titular de la UECS Michoacán.

Al hacer un balance sobre la efectividad de la unidad que encabeza a partir de su creación en 2014, el subprocurador González Ramírez explicó que en 2013 se registraron 183 secuestros con 197 víctimas, cifra superior a la acumulada a partir del siguiente año hasta la fecha.

En los casi tres años, la UECS atendió 140 casos con 155 víctimas, de las que 112 pudieron ser liberadas. Asimismo, fueron detenidas 387 personas y se desmantelaron 82 bandas.

En entrevista con EL UNIVERSAL, subrayó que la defensa de los detenidos ha buscado la forma de obtener su libertad con el argumento de violaciones a los derechos humanos, de ahí su señalamiento de que los jueces sean especializados. “Como parte del nuevo sistema de justicia nos hemos encontrado con unos criterios respetados, pero no aceptados; libertades que se han generado en primera instancia y que hemos ganado en segunda instancia. Hemos tenido criterios que consideramos que están en discrepancia con lo que hay en la carpeta de investigación. Ahora está muy de moda que los abogados utilicen como método de defensa la violación a derechos humanos o del debido proceso, pero a medida en que el Poder Judicial empiece a poner en una balanza y comience a nivelar los derechos de las víctimas, vamos a empezar a tener más sentencias condenatorias”, indicó.

Es necesario que el Poder Judicial tenga el personal especializado, “porque no es lo mismo que hoy juzguen un robo a una tienda y el día de mañana un tema de secuestro; enseñarles que es una red de vínculos para que puedan tener un criterio viable para un rescate pronto, porque muchas veces nos encontramos con trabas en el tema del horario al solicitar una intervención de telecomunicaciones”.
Con la más alta tecnología y capacitados por el Buró Federal de Investigación (FBI), el equipo antisecuestro de Michoacán combate el delito del secuestro con números favorables; no obstante, han tenido bajas durante los operativos.

“Un elemento antisecuestro es un escudo humano, podemos llegar a poner nuestra espalda para que no toquen a la víctima. Durante los operativos tuvimos cinco bajas, tres de ellas en cumplimiento de su deber, dos de ellas elementos de la Policía Ministerial que al rescatar a la víctima recibieron un impacto de bala en la espalda. Las acciones que realizaron fue un acto de heroísmo: por un lado festejas rescatar a una víctima, pero después tenemos que darle la noticia a la viuda de nuestros compañeros”.

González Ramírez menciona que esta unidad es la única en el país que tiene un helicóptero exclusivamente para atender el delito y que están próximos a adquirir drones para el trabajo de inteligencia. “Cuenta con una aeronave otorgada por el gobernador [Silvano Aureoles] para utilizarla específicamente para labores de rescate o investigación; es parte del estado de fuerza de la unidad para reconocimiento de posibles casas de cautiverio, traslado de víctimas, rescates y persecuciones”, comentó.

Mencionó que lo más importante es rescatar con vida a la víctima. Para ello se tuvo que capacitar y mejorar los sueldos del personal. Por ejemplo, un policía ministerial que ganaba 13 mil pesos ahora gana 27 mil.

La UECS consta de dos torres, la primera alberga el área jurídica, agencias del Ministerio Público, salas de juicios orales para prácticas, servicios periciales, área de atención a víctimas, ludoteca, comedor, dormitorios y un auditorio.

La torre dos está destinada al área policial, donde se realizan trabajos de inteligencia e investigación. Cuenta con un dormitorio donde las familias permanecen el tiempo de la negociación y se construye una casa de negociación, que son departamentos para que tengan mejores comodidades los familiares.

Durante la entrevista aseguró que quienes cometían los secuestros eran Los Caballeros Templarios y, aunque ese grupo fue desarticulado, aún quedan células identificadas. “Tenemos objetivos trazados, seguimos buscando objetivos que sabemos su nombre y conocemos su rostro”. Por ello hizo un llamado a la sociedad para que denuncie y el delito no se quede en cifra negra.

“Denuncien, que nos tengan confianza, es difícil confiar en las autoridades, pero estamos trabajando bajo un protocolo nacional, tenemos capacitación de autoridades extranjeras y estamos ganando terrenos, pero ganaremos más a medida de la denuncia”, apuntó.

Agregó que los mecanismos de presión de los secuestradores son diversos y van desde la amenaza de mutilar a las víctimas y enviar sus partes a los familiares, hasta decirles que si denuncian se pueden enterar y poner en riesgo la vida de la persona. En todo momento las bandas “van a tratar de que no tengan confianza en la autoridad”.

* “De todo pasa por tu mente, no sabes si vas a volver a ver a tu hijo”

Suena el teléfono, Elena toma la llamada.

—Pásame a tu esposo —exigió un individuo al otro lado de la línea.

De inmediato, Elena pasó el teléfono a su esposo José.

—Tenemos al bebé, queremos un millón de pesos —le dijo el hombre.

Los secuestradores se habían llevado a un niño de apenas cuatro años.

José identificó de inmediato a quien pedía el rescate: era uno de sus ex trabajadores. A él le tenían confianza.

Un niño de 12 años fue utilizado por sus propios padres para cometer el delito. Sacaría a la tienda al hijo de José y de lo demás se encargaría el secuestrador.

El niño llevó a la tienda al pequeño de cuatro años. Elena fue a buscarlos a los negocios cercanos porque no llegaban. Regresó a casa y le dijo a su esposo que no los había encontrado.

Salieron los dos a seguir buscando, preguntando entre los vecinos. Nadie los vio.

Regresaron a casa, recibieron la llamada para pedirles el rescate. De inmediato acudieron a la Unidad Especializada Contra el Secuestro (UECS) de Michoacán a denunciar.

“De todo pasa por la mente, se vuelve una loca. No sabemos si lo vamos a volver a ver. Es un sentimiento que no se puede explicar, el trauma es muy grande”, comenta Elena.

—No tengo el dinero —respondió José.

—No me interesa, yo quiero el dinero —le replicó el hombre en la línea.

El equipo de la UECS participó en el operativo de rescate: José entregaría el dinero en una maleta a los secuestradores y ahí se intentaría la captura de los plagiarios.

Se hizo la entrega del efectivo. José lo dejó en el punto que se había acordado y se retiró.

Tenían que esperar a que lo recogieran. Minutos después el secuestrador llegó al lugar y se logró la captura.

Arribó una camioneta a instalaciones de la unidad antisecuestro. Ahí esperaba la pareja.

—Venga, señor —le dijo uno de los comandantes a José.

—Abre la puerta —le ordenó el mando a uno de los policías.

“Veo a mi niño, me abrazó, fue una emoción recibirlo. Son cosas que duelen mucho”, relata José y se le corta la voz.

El juez dejó ir a una señora que cuidaba al niño, porque dijo que no tenía nada que ver con el secuestro, y el ex trabajador recibió una sentencia de 50 años de prisión.

* “Tras un secuestro quedas con miedo, todo cambia”

Junio 2015. Esteban (nombre ficticio), de 35 años, se encontraba en casa, a la espera de sus familiares. Sin más, un grupo armado entró a su vivienda y se lo llevó. Fueron dos días en cautiverio en los que él mismo negoció su libertad.

Entraron, le apuntaron en la cabeza y lo tiraron al suelo.

—Llévense el automóvil —le dijo Esteban a los seis hombres.

—No, venimos por ti —respondieron.

Lo subieron a un auto con los ojos cerrados y amarrado de las manos.

“Me tuvieron en cautiverio, ahí pasa de todo: miedo, angustia, desesperación porque no sabes qué va a pasar. Te bajan la autoestima, te dañan moralmente, sicológica y físicamente. Te torturan”, comenta.

Comenzó la negociación con su familia, pedían 3 millones de pesos.

Dos días sin comer, escuchando las llamadas que hacían a sus familiares, en las que se comienza a negociar y les dicen que le cortarán una parte del cuerpo si no entregan el dinero que les piden.

—Te vamos a matar, no le interesas a tu familia —lo amenazaban.

“Te investigan, saben todo de ti: a qué hora entras, sales, qué haces… Un secuestro te roba tu tranquilidad y seguridad, queda uno con miedo y afecta a toda tu familia”, señala al narrar su caso.

Esteban llegó a un acuerdo con sus captores: lo dejarían libre para que juntara el dinero.

Tomó un taxi y al entrar a su casa sus hijos lo recibieron. “Lo más preciado que uno tiene es volver abrazar a tu familia”.
—Te queremos mucho —le dijeron sus hijos al verlo cruzar la puerta.

—¿Ya no nos va a pasar nada papá? —preguntaron con miedo.

Fueron 10 días de extorsión, dos plagiarios fueron detenidos por la UECS Michoacán y están bajo proceso.

“Lamentablemente no sé si será por las leyes o los jueces, que a veces los tiempos en que tardan los procesos, lo único que queremos es justicia. Estamos en una situación complicada de inseguridad a nivel nacional. La integración familiar es algo que tanta falta hace, para que los niños que van creciendo lo hagan con valores, con ganas de ayudar a que México cambie y que los jóvenes no se dejen llevar.

“Con la ayuda de Dios vamos a salir adelante. La atención sicológica nos ayuda mucho porque luego ni quieres asomarte a la ventana de la casa. Un secuestro te cambia por completo”, agrega Esteban.

* “El primer plagio que hice fue por mil pesos”

Lucifer Ex plagiario

Su mirada intimida como lo hacía con sus víctimas. Sus ojos lucen rojos, irritados. Mientras platica su historia fuma un cigarrillo…

otro y otro. Está nervioso, aunque él es Lucifer, un joven que a los 17 años secuestró y violó a una mujer en cautiverio.

Sus respuestas son secas, frías, calculadoras, como cuando participó en dos secuestros, uno de ellos por mil pesos. Quiere dejar atrás a Lucifer, pero es difícil, no puede sacarse de la mente la forma en que actuó.

Con problemas en el núcleo familiar, el joven fue convencido por una banda para unirse a ellos; hoy sigue un proceso judicial.
Quiere recuperar la confianza de su familia y busca una oportunidad en la vida.

Ante el juez reconoció su participación en el delito, pero además fue testigo de la Unidad Antisecuestro y señaló a sus cómplices, una forma, dice, de intentar subsanar el daño que hizo.

¿Qué te trajo aquí?

—Estoy por secuestro, extorsión y violación.

¿Qué hiciste?

—Conocí unas personas, me invitaron a trabajar; yo acepté. Hicimos varios secuestros, uno salió mal y nos detuvieron. Fueron dos veces.

Durante los secuestros, ¿qué sentías?

—Primero, nada; después, remordimiento.

En el momento de ver sufrir a una víctima, ¿qué pensabas?

—Nada.

¿Estás arrepentido?

—Estoy muy arrepentido, hay veces que me viene a la mente todo, lo recuerdo y no me siento a gusto conmigo mismo.

¿Qué obtuviste?

—No tuve ningún beneficio, me dieron dinero, pero muy poco. Es más lo que pago aquí, lo que estoy viviendo, lo que estoy sufriendo.

¿Por cuánto lo hiciste?

—En el primero fueron mil pesos, en el segundo 5 mil 500. Estoy en proceso, en espera a ver qué pasa. Sinceramente no sé qué pueda suceder.

¿Tuviste un problema familiar y por eso decides hacer esto?

—Viví con mi mamá ocho años, luego regresó mi papá y fue cuando empecé a hacer lo que quería. Así comenzaron los problemas.

¿Qué sentías de estar armado?

—Realmente nada, nada.

¿Hiciste daño a las víctimas?

—Sí, las golpeaba.

¿Hay un modo de reparar ese daño?

—Sí y no, tal vez ayudando a esas personas a que se les hagan justicia y que no se quede impune; pero en el daño sicológico creo que no.

¿Eso queda marcado?

—Así es.

¿Ayudaste a alguna de las víctimas?

—Sí, declaré. Dije todo lo que había pasado, señalé a las personas, todo lo que habían hecho.

¿Sabiendo que te perjudicaría?

Sí, sabía que me perjudicaría.

¿Qué sigue?

—Aprender de los errores y no caer en lo mismo, seguir adelante, empezar una vida, tratar…

¿Esos delitos los cometiste cuando eras menor de edad?

—Sí.

¿Qué le dirías a los jóvenes?

—Que a veces las cosas se te hacen muy fáciles, te dicen del dinero, te impresionan, te invitan a hacer cosas que no están bien. En el momento no las piensas, sólo cuando ves las consecuencias, pero es demasiado tarde.

A veces te toca estar en la cárcel, a veces muerto, o como a mí, afuera, pero es muy difícil. La sociedad es muy dura, te señalan, te tachan, no tienes muchas oportunidades. Valoren todo lo que les dan [sus familias], todos sus esfuerzos.

¿Qué haces para recuperar tu camino?

—Trabajo, intento olvidar, pero no se puede. De momento piensas que no puedes, pero no queda más que seguir echándole ganas.

¿Recuerdas lo que hiciste en cada caso? ¿Se puede estar y dormir tranquilo?

—Realmente no [se duerme], te acuerdas de todo como si lo estuvieras haciendo otra vez; no sabes qué hacer. Es algo que no puedo explicar.

¿Estarías dispuesto a contar tu historia a menores de edad para que no caigan en ese error? Quizá de ese modo puedes ayudar…

—Créeme, hay veces que sí, pero luego la sociedad es muy dura, te señalan.

¿Qué pides después de aceptar tu culpa, que no te tachen, que no te señalen, que te den la oportunidad?

—Hay veces que no se pueden pedir las cosas, sino demostrarlas. Las personas con el tiempo van a ver que uno cambia o no, pero lo importante es lo que uno haga y demuestre.

¿Qué pasa por la mente cuando se cometen ese tipo de delitos?

—Al principio nada, después del tiempo tienes culpa, te viene todo a la mente, no estás a gusto contigo mismo y no te sientes bien con nadie.

¿Tienes apodo?

—Lucifer.

¿Y sí dabas miedo como Lucifer?

—Realmente no sé.

¿Lucifer desapareció o sigue contigo?

—Eso queda atrás.

¿Qué es lo más difícil de seguir adelante?

—Lo más difícil es tener la confianza de las personas que no confían en mí.

¿Tu familia?

Sí.

* “¿A qué hora me van a entregar”, preguntaba Sandra

Sandra, Víctima de secuestro

Los secuestradores no perdonan. No les importa la edad de sus víctimas ni el daño emocional o físico que puedan causar.

Uno de esos casos en el estado de Michoacán fue el sucedido en mayo de 2015, del que fue víctima Sandra (nombre ficticio).

Después de un día de trabajo en su negocio, casi al llegar a casa, ella y su hermana fueron interceptadas por dos sujetos, quienes se llevaron a Sandra, de 50 años. Permaneció cinco días en cautiverio, en los que fue golpeada, encadenada y violada.

Esposada con las manos atrás y vendada de los ojos, la subieron a un automóvil, con la cabeza abajo, entre los asientos.
Minutos después la bajaron del automóvil y su cuerpo no respondía por el miedo.

—Yo no tengo dinero, no sé quién me quiere hacer daño —les dijo a sus plagiarios.

—El daño ya te lo hicieron, ya te chingaste —le respondieron.

—No me hagan daño.

—Eso depende de tus familiares, si cooperan no te va a pasar nada.

Al siguiente día entraron al cuarto diciéndole que sus hermanos no querían cooperar. “Uno me comenzó a cachetear”.

En su desesperación recordó que tenía un crédito preautorizado, mismo que ofreció a sus captores si la dejaban libre. Pero luego reaccionó.

—No te voy a poder dar los 200 mil pesos porque mis cuentas son fiscales y los tengo que justificar con factura y si no me voy a ir a la cárcel por evadir impuestos —les dijo.

—A nosotros nos vale madre, nos das los 200 mil pesos, y si te vas a la cárcel, pues entonces te vas —respondió uno de sus captores con voz amenazante.

Inició el daño emocional más difícil para ella. Uno de ellos, el más joven, comenzó a manosearla y advertía que si decía algo la mataría.

Al tercer día, Sandra escuchó la canción de Las mañanitas, trataba de imaginar dónde se encontraba por el tipo de música. Recuerda que eran tiempos de elecciones y con la propaganda por megáfono identificó el lugar.

De 200 mil, ahora pedían 500 mil pesos.

Al cuarto día negociaron con una de sus hermanas, quien les ofreció 10 mil pesos, lo único que tenía.

“No se conformaron y me golpearon más fuerte y me rompieron una costilla”.

—¡Mátenme! —les gritó.

—¿Quieres que te matemos? Vamos a jugar una ruletita —dijo uno de ellos.

“Me ponen una pistola en la cabeza, oigo cuando cortan cartucho… y disparan. No salió ninguna bala”.
—Pinche vieja, tienes suerte, pero vamos a seguir jugando.

“Cortan cartucho de nuevo, disparan”. De nuevo se salva.

—Esto no va a ser así tan fácil, primero te vamos a torturar, te vamos a martirizar, te vamos a cortar en cachitos y lo único que va a aparecer en tu casa va a ser la cabeza —advirtió uno de los secuestradores.

“Le pedí a Dios que si me mataban que me tiraran como fuera, pero que lo hicieran en un lugar visible para que mis familiares me encontraran rápido y me dieran santa sepultura. Los secuestradores se cansaron de golpearme, se salieron enojados. Uno de ellos me seguía manoseando”, narra Sandra.

Los criminales llegaron a un acuerdo con sus familiares, se realizaría la operación de entrega de dinero, pero le advirtieron que si alguno de ellos era detenido, la matarían. Al siguiente día la noticia para Sandra fue que la entrega de dinero había salido bien.

—Si mis hermanos ya cumplieron, ¿a qué hora me entregan? —cuestionó.

—Vamos a recibir órdenes, puede ser ahorita o en la madrugada.

Pasaron las horas y no recobraba su libertad. Gritó: “A qué hora me van a entregar”.

—Hasta que le digamos, además está lloviendo —respondió uno de ellos.

Sandra tomó una cobija para cubrirse el cuerpo e intentar dormir.

Llegó el quinto día, el más esperado, pero el más desgarrador para Sandra. Antes de su liberación, el menor de 17 años, el más joven de la banda, abusó sexualmente de ella.

“Vino la cosa más horrible que me pudo pasar: me violaron, me violaron”, rompe en llanto.

Esa noche fue liberada, al lugar en el que fue abandonada llegaron dos elementos de la Unidad Antisecuestros, siempre siguieron de cerca el operativo.

Por ese caso hay dos sujetos sentenciados, uno en proceso y el menor, quien sigue el proceso en su contra en libertad.

“Es menor de edad y sabe lo que hacía, quiero que se le juzgue y pague con cárcel”.

- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -