Un taxi la deja ver la vida color de rosa

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Reynosa, Tam./MEDIA HORA.-
Esther Bravo es una mujer de 26 años que desde hace un mes encontró una manera de obtener ingresos al volante de uno de los 24 Taxis Rosas que circulan por la ciudad.

“Lo acabo de agarrar, no encontraba trabajo y vi en este programa una oportunidad. Al principio si batallé un poco pero me adapté rápido y como conozco la ciudad ya no tengo dificultades para moverme”, expresó.

Manifestó que este tipo de trabajos son de apoyo porque tienen tiempo para atender a sus tres hijos. Mientras ella trabaja se los cuida su hermana o familiares.

“Empiezo desde las ocho de la mañana, al mediodía tengo hora de comida y aprovecho para comer con mis hijos y por la tarde regreso a otras corridas completar el turno: hay buena respuesta por las señoras y si hay trabajo”, comentó.

La mujer taxista hizo hincapié en que cada vez más las mujeres se sienten seguras al trasladarse en este tipo de unidades.

“Me lo dicen todas las que se suben y dicen que les da más confianza y seguridad salir de casa y trasladarse en estos taxis que en los blancos para hacer los pendientes”, dijo.

Respecto a si ha sido sancionada por la Delegación Estatal del Transporte, mencionó que no porque es raro que los hombres soliciten el servicio a estas unidades.

“No podemos ni debemos transportar a varones, es más, ellos no se quieren subir y creo que están tomando bien esta cultura que buscan los taxi blancos”, enfatizó.

Esther se ve sonriente al volante, orgullosa de su oficio, sale todos los días en busca de nuevas y más corridas para sacar suficientes recursos.

“Tengo gastos de la casa, de las escuelas de mis hijos y necesidades personales así que le echo muchas ganas y aquí andamos. Aparte tengo que pagar la renta del carro pero lo bueno es que el servicio corre por cuenta de la delegación; nos apoyan con eso”, detalló.

Las conductoras de un Taxi Rosa deben pagar 360 pesos de renta y el resto de los ingresos es su ganancia.

Era casi el mediodía y Esther hizo su último recorrido por las principales calles de la ciudad para llevar alguna mujer a su hogar o centro de trabajo.

Después de ello, se retiraría a su casa para comer con sus hijos y convivir un tiempo con ellos. Por la tarde, regresó a conducir su Taxi Rosa para completar el turno.

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