Si alguien dentro del Partido Acción Nacional de Tamaulipas ha sido humillado por Francisco García Cabeza de Vaca, ese es Francisco Javier Garza de Coss. Por eso es inexplicable cómo el empresario del transporte de Reynosa se metió a las naguas del corrupto senador para apoyarlo en la renovación de la dirigencia estatal, este domingo 11 de enero.
En abril de 2008 Garza de Coss llegó a la presidencia estatal del PAN, un año después de que Cabeza de Vaca perdió la alcaldía de Reynosa dejando a la deriva al organismo político y con un fuerte hedor a corrupción.
Y fue por la misma corrupción que imperó en su administración como alcalde, que no solamente los albiazules de Reynosa tomaron sana distancia de Cabeza de Vaca, quien sucesivamente llevó a derrotas consecutivas a Acción Nacional en elecciones estatales.
Como político apestado Cabeza de Vaca se refugió en el sur de Tamaulipas, donde no conocían las descomunales fortunas que acumularon sus hermanos José Manuel e Ismael, además de funcionarios de su administración que dejaron una vida modesta en Reynosa y empezaron a construir mansiones en exclusivos sectores de McAllen y Mission, Texas.
En esos años cuando los Cabeza de Vaca eran dueños del PAN en esta frontera, Garza de Coss tenía el síndrome de la avestruz. Ni las migajas recibía del grupo selecto de panistas que saqueaban la administración municipal y la Comapa entre 2004 y 2007.
Cuando el ex presidente de Acción Nacional quería sacar la cabeza para aspirar a una candidatura, de inmediato era puesto en su lugar, refugiándose en su negocio de transportista de carga.
Fue hasta la muerte de Alejandro Sáenz cuando un grupo de panistas de Reynosa, Matamoros y Ciudad Victoria se unieron para impulsar a Garza de Coss como presidente estatal quien, cuando llegó a saborear el poder, de inmediato sintieron el frío de su espada.
De esa manera José Julián Sacramento, Angel Sierra Ramírez, Maki Ortiz, Leticia Salazar Vázquez, Rodolfo Santos, Ramón Antonio Sampayo y otros, vieron cómo Garza de Coss se sintió omnipotente.
Pero Cabeza de Vaca le demostró, que aún exiliado en el gobierno federal con Felipe Calderón en la presidencia, era su principal enemigo.
Antes de acabar con su mandato al frente del PAN, el senador manejó a sus títeres para promover una demanda contra Garza de Coss por malversación de dineros del partido y pidió su expulsión.
Pero el empresario del transporte superó la andanada de odio en su contra de Cabeza de Vaca.
El falso antagonismo entre ambos quedó al desnudo cuando en 2012 Garza de Coss fue visto levantándole la mano a Cabeza de Vaca, en un mitin en apoyo a la entonces candidata a la presidencia, Josefina Vázquez Mota.
Quizá Garza de Coss, en su miopía, no se da cuenta que al apoyar al candidato del senador este domingo 11, está dándole a Cabeza de Vaca la soga con la cual lo colgará y exhibirá su cabeza como trofeo a toda la militancia.
No hay duda que en la política la congruencia debe ser un estandarte, mientras la traición y la desvergüenza están tatuados en Garza de Coss.


