Krauze evoca a Justo Sierra en el centenario de su muerte

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México, D.F.-
Al recordar a Justo Sierra (26 de enero de 1848- 13 de septiembre de 1912) en el centenario de su muerte, el historiador Enrique Krauze invitó al público a acercarse a la obra de quien fuera uno de los principales promotores de la fundación de la Universidad Nacional de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Del “héroe blanco de México”, como lo llamó el dramaturgo Wilberto Cantón, “hay que rescatar su generosidad, su espíritu comprensivo, su búsqueda de la reconciliación y la concordia nacional, su amor a la patria mexicana, y hay que gozarlo leyéndolo, una y otra vez, en el nombre de su prosa”, señaló el historiador mexicano, al impartir el pasado miércoles por la noche la conferencia magistral “En el centenario de Justo Sierra”, en El Colegio Nacional.

El también miembro de El Colegio Nacional ofreció al público una detallada semblanza de Justo Sierra, destacando las diversas etapas que marcaron la vida de este hombre lleno de contradicciones, pues fue anti porfirista y porfirista, liberal y conservador.

Recordó que como liberal acusó de dictadores tanto a Sebastián Lerdo de Tejada como al propio Benito Juárez, por sus intenciones de reelegirse. “A ambos los consideró dictadores. Imagínense lo que debió sentir, después, cuando vivió la era de Porfirio Díaz y ahí están sus grandes contradicciones”, comentó.

Otra de las contradicciones de Justo Sierra, señaló el autor de “De héroes y mitos”, es que fue la única figura del Porfirismo reconocida por el México revolucionario. Krauze recordó que durante su funeral, en septiembre de 1912, en la Escuela Nacional Preparatoria, el propio Francisco I. Madero lloró al escuchar el discurso pronunciado por Jesús Urueta.

Comentó que Justo Sierra logró en sus obras una excelente prosa, gracias a las influencias de Víctor Hugo, en su obra literaria, y de Alfonso de Lamartine, como historiador.

De ese hombre, que escribió teatro, que ejerció el periodismo literario, que fue amigo de grandes personajes como Manuel Acuña y José Martí, y que sigue y seguirá presente en la historia de México, hay que destacar “su espíritu de conciliación, de tolerancia, de armonía y de unión, la generosidad de su persona y su elegante prosa”, concluyó.

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