México, D.F. / Marzo 1.-
Las mujeres tomaron la cuarta fecha de la Expo Sexo y Entretenimiento. Se soltaron el pelo y como marabunta sensual arremetieron contra todo aquello que oliera a hombre en esos momentos.
Madres, hijas, tías, sobrinas, novias, cuñadas, concuñas, hermanadas por el deseo de conjugar verbos hasta el desmayo: tocar, ver, saborear, estremecerse, arrimarse, comer, regodearse, estrujar, fotografiar, desnudarse, bailar, horrorizarse.
Nada las detiene e igual que aquella película clásica donde millones de hormigas asesinas, éstas, las símiles por arrojo y hambre, se asomaron a su propio placer.
Y hallaron dentro de sí mismas un cúmulo de prejuicios, que, por lo menos en este lugar, desvanecieron para liberarse y demostrar, de paso, que eso de sexo débil es una patraña inventada.
Voraces mujeres, de inacabables ganas de embarrase a uno de los “hombres hermosos” que bailan sin ritmo; que reclama con justeza: “¡Mi vida, déjame ir, por favor, quiero un autógrafo!”.
Chulos hombres
Las luces se apagan y sale un hombre cuya ropa lo vuelve vaquero; pelo oxigenado, entallado, tatuado y pelo rubio. Con un español en retazos, prende al público. “¡Houlaaa Mecsicouuu!, ¡Coumou estáaas! Hace un streaptease y el griterío aumenta de tono.
Inicia el show Australia’s Thunder Down Under y la música pasa a segundo término. Una muchacha le da la espalda a su novio y él le pide calma, como si él pudiera hacer lo mismo ante un bulto, perfectamente esculpidos.
Otra mujer les dice a sus amigas, “vamos, a las fotos, ¡allá, allá se ponen!”. Una, dos, tres, diez, cien… De pronto el lugar frente al escenario se llena. Multitud gozosa; animal de mil brazos, de miradas infinitas.
Y llegan ellos, inmunes al aliento de ese monstruo, de voz inaudita. “Son como Apolos”, una señora sabe de lo que habla, por sus ojos han pasado muchos hombres. Y luego de la comparación, estos dioses sonríen y reparten postales, las firman, reparten besos y uno de ellos, el rubio impostado, se deja tocar.
Al otro extremo, unas chicas del antro, ataviadas con bikinis y maquillaje teatral también se acercan.
Este sitio es de lo más democrático, toda aquella que pueda pagar 190 pesitos, sin importar su condición social, nivel de estudios, religión, podrá verlos de cerca, tocarlos, recibir un autógrafo y si tiene suerte hasta un beso.
“Grrr, mira, lo quiero para mí, me lo llevo puesto”, dice una joven a su novio, que sólo atina a mirar un par de nalgas a su lado mientas responde, “Mjú, ajá”.
Ellas también se divierten en la Expo Sexo

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