Incomprendidas, maestras de educación especial

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Nuevo Laredo, Tamps. / Marzo 12.-
No sólo enfrentan carencias importantes en mobiliario, equipo y material didáctico, sino que tiende a ser incomprendida por muchos la labor que desempeñan las maestras de educación especial en las escuelas integradoras.

En marzo se celebra el Mes de la Educación Especial, una fecha que recuerda que los niños con capacidades diferentes tienen que ser tratados con dignidad y con atención especial, como comenta María Elena Pérez Guadián, de la Unidad de Apoyo en Preescolar número 17 “Doctora Laura Rotter”.

La maestra presta sus servicios en el Jardín de Niños “Emilia Cantú Viuda de Zárate”, en donde requieren de material para manualidades y libros para la inexistente biblioteca.

En Nuevo Laredo existen dos unidades de este tipo, la otra es la Unidad de Apoyo en Preescolar número 21, para los turnos vespertinos, y en éstas trabajan maestros que acuden a los jardines de niños integradores.

“Nuestra función en los jardines integradores es integrar a los alumnos que tengan alguna necesidad especial al ambiente regular. Trabajamos de lunes a jueves con niños que tienen problemas de lenguaje, de aprendizaje, auditivos, discapacidad intelectual o discapacidad motora”, explicó la maestra.

Como unidad de apoyo, dijo, favorecen a toda la institución, porque pasan a todos los grupos para una clase general. Además, ella se enfoca a la atención personalizada de 16 pequeños que presentan discapacidad intelectual, problemas de lenguaje severo y Síndrome de Asperger.

El Síndrome de Asperger, explicó, es una condición parecida al Autismo, en la que el niño presenta vocabulario, aunque no es tan espontáneo como otros niños; no obstante, una pequeña de segundo grado que presenta este diagnóstico es muy inteligente, sabe leer, pero se le dificulta socializar, seguir reglas y poner atención en sus trabajos.

“Ahorita estoy trabajando con ella, para que exteriorice, porque sabe mucho, nada más que batallamos al principio para integrarla al grupo: quería explorar, andaba en todos los salones, y ahorita ya se ven cambios positivos”, comentó.

Refirió que en un día común, el niño asiste regularmente a la escuela, entra a su salón de clases con la maestra de grupo regular y la maestra de apoyo propicia actividades enfocadas a las características particulares de cada pequeño con necesidades especiales.

Pérez Guadián mencionó que han recibido apoyo de las escuelas en las que trabajan, pero es difícil obtener mayores recursos para equipo y materiales especiales para niños con capacidades diferentes, porque las autoridades no ven a estas unidades de apoyo como una escuela, sino que se trata de una institución en la que los maestros están dispersos en las diferentes escuelas de educación regular.

Dijo que la Secretaría de Educación Pública (SEP), entrega libros a las escuelas y jardines de niños regulares para sus bibliotecas de aula, pero no sucede lo mismo con las unidades de apoyo, que también requieren de este material en sus áreas de trabajo.

Las maestras brindan el apoyo en el salón de clases regular, pero cuando se trata de casos que requieren de mayor atención, se separan y ofrecen las actividades de manera individual.

“No se nos da tanto apoyo, porque no se ven los alumnos en la dirección, pero, al contrario, se requiere más apoyo, porque son niños que necesitan una atención especial”, dijo.

Destacó que la mejoría que presenten los niños, mucho depende también de la participación del padre de familia, y dijo que ofrecen capacitación a las educadoras que trabajan en escuelas integradoras, aunque es necesario aumentar esta formación.

“Lo único que siempre comento a las maestras es que les demos la oportunidad a los niños de que se desenvuelvan en el aula, que los tomen en cuenta para participar en las actividades. A lo mejor no sean los más brillantes, pero ellos hacen un esfuerzo por ser lo mejor que pueden.

“Es importante darles esa oportunidad, escucharlos, tratar de entenderlos, sabemos que el niño trae mucho problema de conducta, pero no vemos el problema de raíz y creemos que son chiflados, a lo mejor son niños maltratados que viven en un mal ambiente familiar y los catalogamos como inquietos y no nos preocupamos por ver qué está atrás de eso. Debemos de preocuparnos”, apuntó.

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