Washington, D.C. / Mayo 9.-
Analistas políticos estadunidenses se preguntan hoy si la victoria del presidente estadunidense, Barack Obama, con la muerte de Osama Bin Laden, y el inmediato repunte de popularidad, bastarán para llevarlo a un segundo mandato presidencial.
La mayoría de los analistas políticos coincide en señalar que si bien la eliminación física del fundador de la red Al Qaeda dará lustre a las credenciales de Obama en materia de política exterior, resulta impreciso determinar si su impacto alcanzará la agenda interna.
Poco después que Obama anunció al mundo la muerte del “terrorista más buscado” del mundo, la aprobación del mandatario experimentó un rebote que lo colocó por encima de los 50 puntos porcentuales.
Un sondeo del diario The Washington Post y el Centro Pew dio cuenta de un repunte de nueve puntos, colocando a Obama con una aprobación de 56 por ciento, el mayor desde 2009, mientras que otro de la Universidad Quinnipiac le dio 52 por ciento.
Incluso algunos de los acérrimos críticos del mandatario se doblegaron ante la ola de apoyo popular que generó el anuncio.
“Creo que claramente la administración merece crédito por el éxito de la operación, y por lo que puedo decir, me parece que todos le debemos a él (Obama) el mismo sentido de satisfacción que estoy seguro sienten”, dijo el ex vicepresidente Dick Cheney a la ABC.
Cheney había provocado malestar en la Casa Blanca meses atrás, cuando calificó a Obama como un mandatario titubeante ante temas apremiantes en materia de política exterior como la lucha contra el terrorismo.
El que los republicanos se hayan visto forzado a acallar de momento sus críticas contra el presidente frente a esta enorme victoria, refleja la fortaleza de la que su imagen goza en este momento, y el riesgo que toda crítica puede generar una reacción adversa.
Analistas como Rhodes Cook consideran que esta victoria significó una suerte de punto de partida en la presidencia de Obama, que impulsará el apoyo interno en el corto plazo.
La interrogante, precisó, es hasta qué punto la fuerza de este repunte se mantendrá hasta el próximo año, fortaleciendo sus prospectos de reelección, “y eso es algo que no está en claro”.
Muchos apuntan a la elección presidencial de 1992 como el más inmediato ejemplo del escenario que Obama podría enfrentar si esta victoria no es acompañada por una mejora en el frente económico el mas visible talón de Aquiles para su gestión.
Ese año el presidente George H. Bush fue derrotado por William Clinton a pesar de que un año antes gozaba de un nivel de popularidad de 90 por ciento gracias a su liderazgo en la primera Guerra del Golfo.


