Dios, Iglesia y política

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Desconozco una mejor frase para un político, que la dicha por Jesús de Nazaret cuando se le preguntó ya cercano a su crucifixión, un caso sobre impuestos: ¿quién era más poderoso, César o Dios?

Él respondió, “Dadle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Aún no había, o mejor dicho existía, pero amorfo el oficio de político en ese entonces, en ejercicio a palos de semejante oficio.

Hace unos días un insistente –en eso hay que alabarle- Andrés López Obrador se entrevistó en Vaticano con el mismísimo Papa Francisco. No es una ligereza del lenguaje, es toda una Apocalipsis, el diablo hincado ante el jerarca católico.

Vaya desfachatez, un viaje pagado con el dinero de los contribuyentes, muchos de los que le aplauden a rabiar y quien como fuerza política “de saltos”: primero estaba en el PRI, luego en su madura conciencia formó un partido de nueva creación apoyando a Cuauhtémoc Cárdenas, el PRD, al que ni tardo ni perezoso traicionó. Igual lo hizo su compinche Porfirio Muñoz Ledo, quien siguió sus pasos a pie juntillas, hoy en un partido obscurón.

Traidores todos, con una ideología convenencieramente traidora, se colocó como uno de los verdaderos vividores del contribuyente nacional. Por ello me pregunto ¿cómo hablar de honestidad, cuando ni se conoce ni se tiene?

La pulcritud interior debe contar, es un hecho fehaciente el repudio general a todas nuestras autoridades -ganado a pulso- a golpe de insistencia, llegó el momento en que su credibilidad se desdibujó, perdiéndose en la antipatía generalizada y en un repudio permanente.

Si el Papa Francisco recibió una “medallita” un pequeño libro y la genuflexión del “vertical” AMLO vaya descaro, los senadores y diputados para enderezar el barco que hace agua, invitaron al prelado a asistir a una sesión solemne, en la Cámara de Senadores, es decir en manada.

El Papa metido de lleno en la política mexicana, tal vez pretendiendo renacer la vieja Inquisición que tantas vidas inocentes segara o ¿por qué no? renacer el viejo derecho de pernada ¡qué sé yo!

El asunto es que gastando millones de los mexicanos, AMLO hace recorridos buscando en la Santa Sede el milagro que lo lleve a la silla presidencial. ¡Si hoy nos va mal! ¿qué sucederá con ese “legítimo” vividor de la política en la presidencia?

Los políticos de ahora, aquellos que se dicen reformadores y sacan partidos de las mangas, buscan ante su ineficacia a la iglesia católica, si aquellos que se decían “come curas”, se acercan a ella no para atraer las bondades del redentor, ajeno totalmente a ellos.

Pero no, lo hacen para unir corazones, porque estos son votos y ellos están muy necesitados para seguir viviendo de la ubre presupuestal, o sea de los impuestos que usted y yo pagamos.

De ahí que me pregunte ¿para qué mantener estos zánganos vividores? ¿Nuestros legisladores les permitirán seguir viviendo? ¿Continuarán saqueando a nuestro México? O nuestros legisladores como “El Chapulín Colorado” ¡nos defenderán!

Los hay en todos los colores y ejercicios, mantenidos de toda la vida. Sin decir nombres. ¿Qué dirá la Iglesia mexicana?

Ya entrados en eso de la religión ¡Qué Dios nos proteja!

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