Siempre he presumido que ser libre como periodista tiene sus grandes ventajas. Una de ellas es que nadie puede acusarme de que atrás de mis opiniones hay un número de cuenta bancaria, un sobre repleto de dinero, o que mi nombre esté en una lista secreta del gobernador o de alcaldes; que he acumulado riquezas jamás explicables, o que por las calles de Reynosa y carreteras de Tamaulipas circule en una lujosa camioneta superior al medio millón de pesos.
Con ese recordatorio, nadie de la clase política tamaulipeca podrá ponerle signo de pesos a mi siguiente percepción muy personal basada al movimiento reciente de las piezas en el tablero de la sucesión de Egidio Torre Cantú.
Que en la carrera por la candidatura del PRI a la gubernatura hay dos punteros: Baltazar Hinojosa Ochoa y Alejandro Guevara Cobos, los dos diputados federales que no están ubicados en primer lugar en las encuestas en manos del presidente tricolor, Manlio Fabio Beltrones.
Quizá el matamorense Hinojosa Ochoa esté más en el fondo de los sondeos de opinión realizadas por prestigiadas y certeras encuestadoras de moda, comparado con Guevara Cobos que tuvo un repunte significativo gracias a su agresiva campaña en medios impresos y anuncios panorámicos.
Pero ese pequeño gran detalle de no estar a mitad o en el fondo de la clasificación no significará un problema, porque cuando el PRI elija a su candidato los medios de comunicación jugarán su parte.
Balta, como lo conocen, varios meses se mantuvo callado, de bajo perfil, atendiendo asuntos del presupuesto en el Congreso de la Unión. Se convirtió en un especie de Su Santidad a quien todos los obispos y cardenales (alcaldes y gobernadores) querían ver.
Por su parte Guevara Cobos tomó otra ruta consciente que su nombre no era reconocido en todo el Estado. Se asesoró para exponer su imagen en cada rincón de Tamaulipas.
Atrás de ellos sólo hay otros dos: el ex senador y ex legislador, Marco Antonio Bernal, y el alcalde de Ciudad Victoria, Alejandro Etienne Llano, que ha confrontado al líder del priismo nacional con el gobernador.
Sólo una decisión sobre equidad de género pondría como quinta en discordia a Mercedes del Carmen Guillén Vicente, legisladora federal por el Distrito 8 de Tampico y ex subsecretaria de Gobernación al comienzo del actual sexenio.
Si los tiempos son similares a Nuevo León, el nombre del candidato tricolor se daría a conocer en la primera quincena de enero de 2016, o hasta febrero, pues en el vecino Estado las campañas de gobernador duraron tres meses, mientras en Tamaulipas serán de dos. Entonces no habría mucha prisa.
Sobre el resto de los aspirantes habría premios de consolación, hasta de Guillén Vicente buscando la alcaldía de Tampico; Ramiro Ramos Salinas, de Nuevo Laredo, y Enrique Cárdenas del Avellano, de Ciudad Victoria.
Porque difícilmente Bernal aceptaría disputar la alcaldía de Matamoros, pues nunca ha sido candidato de mayoría y correría el riesgo de perder por su desarraigo en esa frontera. Su experiencia seguiría a disposición de su amigo Beltrones.
Hinojosa Ochoa sería consolado por Peña Nieto con una posición de relevancia en el gobierno federal antes de pensar en volver a Matamoros como presidente municipal. Y Guevara Cobos no tiene en mente ser alcalde de Mante, mejor su curul en el Congreso de la Unión.
Para Etienne Llano presidir la próxima legislatura estatal sería un regalo de Navidad de su padrino Torre Cantú, quien quemará todos sus cartuchos para ungirlo como candidato.
El más quieto de los aspirantes es el también diputado federal por el Distrito 3 con cabecera en Río Bravo, Edgar Melhem Salinas, quien sabe muy bien que podría ser “el caballo negro” del PRI.
Enfrente, en el corral del PAN, el corrupto senador Francisco García Cabeza de Vaca sabe que es casi segura su candidatura, no así sus posibilidades de ganar.
Porque tres factores jugarán en su contra en su derrota: la fractura en su partido luego de su designación, los archivos negros en manos de la inteligencia federal que se harán públicos, y la animadversión a su persona en el mundo empresarial y político de Tamaulipas.


