¿Y dónde están los papás?

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Es conmovedor el gesto con Manuel Mondragón y Cal, alto funcionario del gobierno de Enrique Peña Nieto en el área de adicciones, al informar los resultados de la última encuesta, que señala a varios niños de quinto y sexto años de educación primaria atrapados por el cigarro, el alcohol y la mariguana.

Preocupado y triste por las cifras del estudio, el buen hombre no dejaba de mostrar su alarma por el creciente número, que ha ido en aumento últimamente, de adolescentes y jóvenes de educación secundaria y de bachillerato que confiesan consumir regularmente mariguana, cocaína y heroína, lo cual demuestra, según Mondragón, que sería aún más perjudicial para México la aprobación del consumo de la cannabis.

No se opone a la aplicación de la mariguana para usos medicinales, pero sí está en contra de que los ciudadanos aleguen su libertad para que la ley no los castigue por su adicción a este enervante, y que pueda sembrarse y comercializarse sin ningún control. Y a la vista de los resultados de la investigación que dio a conocer por los medios masivos, creemos que tiene razón en su punto de vista de que los niños serían más fácilmente víctimas de los efectos nocivos de la hierba verde.

Su rostro en la televisión dejaba ver ese asombro y preocupación de una persona responsable por el futuro del país, si desde los últimos años de la escuela primaria ya hay niños adictos al alcohol y al cigarro, por lo menos, y algunos al consumo de la mariguana.

Y es entonces cuando saltan a la vista la pregunta: ¿Y dónde están los padres de familia? Porque no es posible que éstos no adviertan la conducta de riesgo de estos chicos que además son fácil presa del pandillerismo y de los delitos comunes, como el robo en tiendas y comercios, los asaltos a casa habitación, los pleitos en la vía pública y, lo más, triste su participación en delitos mayores.

¿Dónde están los padres de familia que dañan tan severamente a una sociedad por no cuidar lo más preciado de una vida como es la niñez y su encauzamiento por el camino del bien? ¿Dónde están los padres de familia que no saben de sus hijos desde su más tierna infancia y los abandonan a su suerte en medio del peligro latente de las malas compañías, las drogas y las riñas callejeras? ¿Dónde están los padres de familia que, inclusive, a veces inducen a los malos hábitos a sus hijos desde que son pequeños?

La sorpresa de encontrar en las estadísticas sobre adicciones a niños de quinto y sexto año de primaria atrapados por la mariguana, debe hacer reaccionar a las autoridades a vigilar en extremo el núcleo familiar con el fin de detectar las áreas de oportunidad que requieren mayor atención en este rubro. De otra manera esos hogares en conflicto permanente y en desintegración total serán, tarde o temprano, semillero de escuelas delincuenciales y un azote a la sana convivencia en cualquier comunidad.

Los padres de familia son los primeros en corregir la senda desviada de los infantes y en enseñar el valor de la disciplina a sus vástagos. Porque no basta con llenarlos de bienes materiales y menos abandonarlos y dejarlos a la deriva en la orientación vital, con tan tristes consecuencias como las que hemos padecido desde principios de este siglo en todo el territorio nacional.

Ojalá que cuando alguien reclame un ataque de estos niños y adolescentes descarriados y pregunte dónde están sus padres, a éstos les sobre valor y energía para dar la cara y decir: presentes. Pero sería mejor que desde antes cumplieran su responsabilidad y arroparan con amor a sus hijos y los llenaran de sabias enseñanzas para no convertirse en un peligro cáncer de la sociedad.

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