Por su ubicación geográfica, Tamaulipas ha sido, prácticamente desde siempre, un dominio de grupos de poder que dificultan el ejercicio democrático. Con escasas excepciones, el interés personal o de camarilla se impone sobre la voluntad popular. Con harta frecuencia se repite la voz venida desde la época colonial, “lo que el amo diga”, dejando de lado los principios que han hecho del hombre el ser superior: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
En los tiempos que corren, a pesar de los avances sustanciales y de los grandes logros en economía, gobernabilidad y desarrollo a nivel nacional, en Tamaulipas hacen sentir su peso las pandillas que desde hace un tiempo largo determinan el presente y el futuro. Por ello, la elección de los abanderados del Movimiento de Regeneración Nacional para la próxima contienda electoral, pudiendo ser tersa y transparente para que lleguen los mejores, el camino está lleno de obstáculos.
Como en la olla de la tamalera, hay de todo, de dulce, de chile y de manteca. Hay quienes descollan por su calidad humana, trabajo y entrega, cualidades que los califican para acceder a puestos de mayor responsabilidad y, por tanto, debían tener el camino despejado; pero, ¡no! En el otro lado están los oportunistas de siempre, lo que representan la continuidad de los poderes fácticos al frente de la comuna y los que siguen la procesión sin saber a qué santo se le reza.
A las propuestas de los primeros, se oponen la maledicencia, las calumnias y las descalificaciones de los otros, que, no teniendo algo bueno que decir, utilizan el denuesto y la infamia. Por desgracia, éstos son avalados por las fuerzas de ultraderecha autóctonas y advenedizas, cuya eficacia acaba de verse en países del cono sur. Las cabezas visibles están muy desacreditadas; pero, eso no importa, siempre habrá un mendicante que se preste para hacer el caldo gordo y evitar que triunfe el mandato popular.
El historiador Steven Forti, explica la expansión de la derecha mundial: “Yo creo que aquí hay dos grandes ámbitos donde se debería trabajar y sin los cuales no vamos a ningún lado. Uno es reconstruir las redes desde abajo. La extrema derecha ha podido avanzar y ganar en algunos casos en los últimos años porque estamos en sociedades que están atomizadas y deshilachadas. Esto es una consecuencia en buena medida del neoliberalismo, y también del impacto de las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales, que fomentan sociedades más individualistas y competitivas entre sus miembros.
Y el segundo es que hay que volver a dar la batalla cultural, porque la extrema derecha muchas veces está ganando porque ha conseguido ganar en buena medida la batalla cultural, ha conseguido que sus ideas, antes inaceptables, se hayan convertido en sentido común. Se tiene que mostrar que la deshumanización de los migrantes o todo lo que estamos escuchando sobre varias cuestiones como el género, el clima, la nación o los impuestos, no puede ser aceptable”. Como tampoco puede ser aceptable la aberrante acumulación de la riqueza a costa de la miseria de las mayorías.
Trasladando esas ideas a la realidad de Tamaulipas, es tiempo de picar piedra en ambas recomendaciones para garantizar que las futuras generaciones de tamaulipecos vivan en paz, armonía y prosperidad. Que el despertar de las conciencias se concrete con nuevas posturas ideológicas que superen los mitos de izquierda y derecha para avanzar en las propuestas del humanismo mexicano que enarbola la Cuarta Transformación de la vida pública.
A fin de cuentas, como dijo Cristina Koch: todos somos tripulantes de la Tierra. Hay que conjurar el riesgo en Tamaulipas.


