El adulto local vive nervioso, alterado, constantemente preocupado, estresado, temeroso, la situación de inseguridad pública en la ciudad misma que ya rebasó los tres lustros, nos tiene enfermos a todos, pero… ¿y los niños?
Nadie aquí quiere tocar el tema, el clásico desdén, en el “entendido” de que si no hablamos de ello, es que no existe, el síndrome del avestruz, pero lo más terrible es que es la autoridad responsable, quien practica tan cobarde y cómoda pose.
Imaginen a una niña de nivel primaria o a una adolescente de secundaria, caminando todos los días, durante varios kilómetros hacia y desde la escuela, entre innumerables hombres que le dicen de cosas, todas de tinte sexual, pese a ser una menor, casi una infante.
Impactante el reportaje de nuestra compañera reportera Edna Juárez, publicado este jueves 12 de mayo, en El Mañana “¿A qué le temen los niños de Nuevo Laredo?”.
Muy buen trabajo, nos puso a pensar con mucha preocupación, lo ahí anotado, en especial lo siguiente: “Con 13 años (de edad), la mayor preocupación de Rosy, es que el acoso callejero que sufre a diario, algún día cruce la delgada línea y se convierta en una violación”.
Claro que la periodista se refiere con el término violación, a un deleznable abuso sexual consumado.
Porque desde hace mucho, bastantes violaciones a sus derechos humanos y civiles sufre y le suceden a Rosy en su caminar, por principio, el cúmulo de insultos de lascivos hombres que la molestan, tanto en la jungla de asfalto delante de todos, o peor aún, en esa brecha que ella recorre a diario, un camino de terracería flanqueado por altos matorrales, casi en despoblado, el cual se presta para ser escenario de un abuso o plagio con fines criminales, del que no queremos ni pensar.
GOBIERNO TERRIBLE
Nadie aquí quiere tocar el tema, el clásico desdén de la autoridad, de que si no se habla de ello, es que no existe el problema y el peligro, el atropello a los más vulnerables de nuestra sociedad, la niñez y la adolescencia.
Cuántas “Rosys” hay en Nuevo Laredo, si las organizaciones de derechos humanos en el país, recientemente estimaron en 20 mil los niños víctima de trata, para ser abusados y esclavizados en México y de estos grave s delitos, la mayoría ocurre en las fronterizas Tijuana, Ciudad Juárez, ¡NUEVO LAREDO! y Matamoros.
Sí, Nuevo Laredo está entre las ciudades mexicanas de más trata de menores, junto con Acapulco, Cancún y otros puertos de turismo sexual infantil, como las principales en estos delitos.
¿Y cuántos más chicos, en especial damitas, aparte de prácticas sexuales a diario y obligados a prostituirse, no están esclavizados para trabajos forzados, en habitaciones cerradas, ya sea para planchar ajeno, producir tortillas o trabajar de sirvientes de tiempo completo y de tarea entera (asear, hacer de comer, lavar, cuidar y demás)?
VARONES INDEFENSOS
Las niñas la pasan muy difícil, pero lo que sufren los varoncitos en esas colonias del arrabal, no es menos, pues en “Cartolandia” o en las casas de cartón, es grave la amenaza para los muchachos, nada difícil es unirse a grupos criminales, que dicho sea de paso siempre se alojan, operan o tienen su base de operaciones, su “cuartel”, en esos puntos alejados de la ciudad.
Ya sea obligados, bajo amenaza de muerte, o bien, porque “no hay de otra”, es que los varoncitos se unen al mal, esos mismos menores que hubieran deseado otro futuro, uno de estudios, de un natural anhelo de superación personal, para así sacar adelante a su madre y a sus hermanos pequeños.
Y es que cuando se vive en situaciones económicas bastante difíciles, ese es un escenario muy común, un final muy recurrente hoy en día, para ellos, inocentes criaturas.
Sumado a que muchos de estos menores, son parte de familias disfuncionales, hijos de los llamados “hogares quebrados”, casi niños que no tuvieron la dicha de poder seguir estudiando (que es junto con el ser buenos hijos y ser felices), a lo único que se debe de dedicar un niño-adolescente.
No tener el apoyo de sus dos padres, o tener casi de amenaza o terror bajo el mismo techo a uno de estos dos progenitores (alcohólico o drogadicto o ambos vicios), hacen que los niños digan, como en el reportaje de Edna Juárez: “No me da miedo que roben mis cosas o que me golpeen, pero sí me da miedo que me secuestren y que me lleven, he oído balazos”.
Y refiere Edna lo que le cuentan los menores: “Tienen miedo a que la gente de esas camionetas que andan rondando la colonia todo el tiempo, se lo lleven, lo torturen y no vuelva a ver a su familia”.
Y aquello se vuelve un ambiente de gallitos de pelea, tanto en la escuela, como en el barrio y en el trabajo, ¡ah sí!, porque los menores están condenados a laborar desde niños.
En esos rumbos del arrabal, los jovencitos se tornan violentos, se vuelven como lo que precisamente no quieren ser, imitan y se “metamorfosean” respecto a sus terrores y miedos.
Hay que hacerse los “muy malditos” o no sobreviven, a eso están orillados los infantes y pubertos, para que al final, terminen siendo eso, formando parte de lo que ya dijimos, ellos no querían.
Aquí sí vale el término coloquial: “Le pusieron una pistola para que lo hicieran”.
¿Y la autoridad? Ellos siguen con su dizque Tamaulipas Seguro, su Mando Único y cuantas tonterías se les ocurren etiquetar, pero que todo es pura mascarada, porque no hacen nada, todo es mentira.


