Según la séptima edición de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública del 2017, en Tamaulipas el 85 por ciento de los habitantes manifestaron sentirse inseguros, mientras que el sondeo del Instituto Nacional de Geografía y Estadística arrojó que por nuestra entidad solo el 46 por ciento de la ciudadanía confían en la Policía.
Son datos nada halagadores, pero que cada quien en su entorno percibe que no están apartados de la realidad.
Sin embargo, estas cifras no deben ser tomadas para culpar al actual gobierno estatal de lo mal que estamos en seguridad pública. Nadie ignora que este problema se sembró hace 18 años y cuando creció no se le podó, hacer tal cosa sería injusto y desmoralizante para los muchachos de la Policía Federal, la Estatal, soldados y marinos que diariamente se fajan por las calles en condiciones sofocantes y riesgosas.
Pero aún con el esfuerzo de las precitadas corporaciones la violencia no cesa, por lo anterior se infiere que el gobierno de Tamaulipas modificó la estrategia al anunciar obras en Reynosa por 630 millones de pesos que propicien la armonía ciudadana y permitan la restauración del tejido social muy deteriorado por los malos ejemplos.
Y como la inseguridad no es un problema privativo de Tamaulipas, infiero que todos los gobernantes ya habrán tomado nota del mensaje social, que es muy conciso, claro y tajante: ya basta de corrupción, dispendios y simulaciones, que si hacen como que atienden el recado, pagarán en julio de 2018… si no es que antes.
Pero ya es miércoles de rompesemana, el otoño ya le bajó unos grados a la temperatura, lo nublado insinúa que la tarde está entrada en tequila, que con dos que tres tragos de ese elíxir, alternados con tres que cuatro coronas, las de José Alfredo hasta cimbran el cuerpo y alma.
Que la pasen bien todos.


