En las primeras horas de ayer los truenos de la violencia de nuevo cimbraron en puntos del oriente de la ciudad, fueron señales ominosas que nos recuerdan una inseguridad que sigue formando parte de nuestro diario vivir, y por ello causó desaliento la reciente declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que la función del gobierno no es detener a los capos aunque haya precisado se refería a quienes orquestan la ordeña de ductos de Petróleos Mexicanos.
Sin embargo, también precisó que lo importante es bajar el número de homicidios, robos y secuestros, pero no por medio de operativos, que en eso tiene razón, 12 años de “topones” dejaron como experiencia que los delincuentes al tiempo que sufrían bajas en sus filas encontraban los relevos.
Entonces el gobierno mexicano proyecta que por las buenas es como hará que retornen al camino del bien -si es que alguna vez transitaron por esa vía-, los delincuentes; lo cual a cualquier le hace suponer que mientras los convencen seguirán las ordeñas, bloqueos de las vías de comunicación, robos, asaltos, secuestros y balaceras.
Lo anterior es un horizonte nada halagüeño porque la inseguridad si bien no se va a resolver a punta de balazos tampoco con sermones, el punto medio y además obligado es investigar quiénes andan delinquiendo y consignarlos ante los jueces, al tiempo que desarrollen programas que fomenten la concordia, como le llamaba Aristóteles a la amistad ciudadana.
Y ya es viernes así que a disfrutar el fin de semana pero con cautela, el horno no está para bollos tan pronto anochece.


