Cuando me quité los guantes en la noche parecía que había jugado con la lluvia nocturna con mis manos desnudas; el cubreboca me lo quito sólo para comer, y hay botes de gel por todos lados: en el baño de mi cuarto, en el mueble de la televisión, en el buró de la cama, en la cocina, en la entrada, en la salida, en la mesa, en la sala, en el patio… y hasta en la carriola de Marco Sebastián. Lo más difícil de una cuarentena en casa cuando sales positivo de Covid-19 es cumplirla encerrado a piedra y lodo.
Dos niños, de diez meses y cuatro años, te echan a perder los planes. Ser asintomático y confirmar que ya no soy agente de contagio me tranquilizó. Y agradezco a mi amigo Ramiro Cisneros, químico de profesión y dueño del reconocido Laboratorio ABC ( www.abclab.mx ) que al conocer mi caso me envió cinco pruebas rápidas de laboratorio para la familia. He leído que este tipo de test (obtenido con sangre de tu dedo) están autorizadas en México y en 15 minutos conoces el resultado en casa.
“No detectan una infección actual, sino si la persona ya tuvo el Coronavirus”, aclaró hace días el vocero de la Secretaría de Salud. Hasta me dieron ganas de ponerme una borrachera cuando vi el resultado, también el de Paola. Pero no hay que confiarnos, pues faltan los resultados de las pruebas con el hisopo introducido en la nariz que se hicieron ayer mis hijos, mi esposa y mi suegra para confirmar que en casa el virus entró y salió rápido. Hace 17 días tuve mi ventana de contagio, según mi amigo, y es muy probable que ellos también salgan positivos de un Covid-19 asintomático, con el favor de Dios, pero sin tener un cuadro clínico de riesgo.
Esta mañana un compañero de Hora Cero Rubén Salazar me cumplió el antojo de pan de dulce de Sanborns y un café del Cafelito (frente al Ancira) donde voy cada mañana con el subdirector Gerardo Ramos Minor con la excusa de hacer juntas. Mis amigos que me conocen bien, están mas preocupados, no tanto por ser positivo al Covid-19, sino por ¡cómo aguantaré la cuarentena! de dos semanas sin pisar siquiera la banqueta de la casa. Mi mente está en modo positivo todo el día. Esa actitud es una medicina alternativa.
Si hay algo que me preocupa es que mis papás que viven en Matamoros se enteren y echen a volar su imaginación. Conozco a mi mamá siempre aprehensiva. En eso sí que no nos parecemos.
De lo físico no hay dudas. Me he enterado que el resto de los diez colegas contagiados siguen asintomáticos, entre ellos mi ex alumno y reportero Sebas Estrella que, antes de salir positivos le dije: “Mire qué suerte de usted que apenas empieza en el periodismo. Tendrá mucho qué contarle a sus hijos: que estuvo en primera línea reporteando una pandemia que pasará a la historia”.


