Cancún en pandemia

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Las playas de Cancún oficialmente están cerradas con cordones amarillos que impiden que se puedan ingresar a ellas, inclusive son vigiladas por policías federales para evitar el paso de visitantes, aunque las de los hoteles son de tránsito libre para sus huéspedes.

Si quisieras entrar a una de las playas de lo hoteles por un día, te cobrarán un Daypass que tiene un costo por encima de los 500 pesos, que incluyen estancia en la playa del hotel, albercas y un aperitivo en el restaurante dentro del establecimiento.

Para el turismo local es prácticamente imposible, ya que las autoridades instalan retenes de manera intermitente en distintas áreas de la zona hotelera, que les dan prioridad a los extranjeros y regresan a los lugareños.

Algunos de los hoteles de cinco y seis estrellas de la zona hotelera que solían albergar a sus huéspedes en sus más de 3 mil habitaciones, hoy se encuentran cerrados, generado un alto nivel de desempleo, tanto en trabajadores locales como foráneos que tuvieron que regresar a sus lugares de origen.

Un taxista comentó que al recién cerrarar los hoteles, las personas hacían largas filas para subir a autobuses que no paraban de salir llenos a otros estados como Chiapas, Oaxaca y Veracruz.

Un caso particular, en el edificio donde nos hospedamos, de familiares, una pareja de inquilinos del piso de abajo, tuvieron que desocupar el departamento, debido a que ambos se quedaron sin empleo y ya no pudieron costear la renta.

En Cancún ninguna playa puede ser visitada. En la playa Delfines, solo me permitieron hacer una fotografía. En Ballenas, igual. A tortugas ni siquiera te permiten asomarte, debido a que en el lugar se encuentran los huevos de las tortugas incubándose.

En el primer lugar al que pudimos entrar fue a donde desembarcan lanchas y ferries que van y vienen de Isla mujeres, que también tenía una banda amarilla en la entrada, sin embargo una de las personas que ofrecen paseos en lancha, nos alertó que podíamos “echarnos una refrescada” y así saltamos las cintas que prohíben el paso para por fin ingresar a una playa.

En esa pequeño oasis de playa, por así decirlo, después de viajar de Monterrey a Cancún únicamente para ver su arena clara, sus olas pacificas y su color azul, solo se encontraban a lo mucho, cinco familias, la mayoría turistas locales y una pareja con su bebé de extranjeros, aisladas unas de otras.

En el lugar circundan los muelles donde las personas acceden a los barcos, hay sarazo y un ligero olor a gasolina; aunque también encontramos a una persona que limpia la playa de vidrios y basura con ayuda de equipo de snorkel.

El hombre nos mostró el hallazgo de una estrella de mar a la que soltó cerca del límite para los paseantes, marcado con una cuerda que delimita el paso de los nadadores en la pequeña playa de alrededor de 50 metros delimitada de muelle a muelle.

El sargazo nos dio la bienvenida en la orilla de la playa, después de muchos años de no volver a ella, no nos conocíamos, pero nos llevamos bien, pues no me ocasionó ninguna alergia ni impidió nadar en ella, pues se asomaba poco de repente en alguna de las manos y en su mayoría se quedaba quieto en el fondo o en la orilla aglomerado.

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