Fotos: Andrea Jiménez
Monterrey, NL.-
Luz Berenice quiere estudiar Robótica y cursa el sexto de primaria, y su hermano Raúl de Jesús el tercer grado. Ambos están sentados, haciendo sus tareas en la calle, sobre el cemento de la banqueta que cubre el sol a la mitad un miércoles de verano con una temperatura de 36 grados en Monterrey.
Los dos hermanos escriben y dibujan en sus libretas, mientras su mamá Nereida Patricia Niño Zúñiga, con su cuarto hijo en brazos, no los pierde de vista y les comparte las indicaciones que recibió de sus respectivas maestras a través de videollamadas y mensajes por WhatsApp.
El año escolar cumple su tercer día de la primera semana dentro de una pandemia por el Covid-19 que no tiene fin en México. Y que cambió la rutina de Luz Berenice y Raúl de Jesús cuando iban a clases presenciales y convivían con sus compañeros de aulas en Altamira, Tamaulipas, donde residen.
La escuela primaria “Ciro Rodríguez” cerró sus puertas desde el semestre pasado ante el riesgo de contagios, y la vida de los niños dio un vuelco de 360 grados.
A los padres de los cuatro hermanos, ella ama de casa y él chofer de una línea de transportes, se les complicó el día a día desde marzo pasado cuando las clases presenciales fueron suspendidas. Y como las aulas están vacías, la única opción es que la familia viaje en el trailer en la ruta de ida y vuelta Altamira-Monterrey-Altamira.
Son las cuatro y media de la tarde del miércoles 26 de agosto en la calle General Anaya de la colonia del Prado de Monterrey. El termómetro marcó como temperatura máxima 36 grados con sensación térmica de 37, aun cuando la canícula ya terminó.
Para Nereida Patricia no hay otra opción: viajar y esperar en esa banqueta -que se convirtió en un salón de clases sin paredes y con aire natural-, mientras su esposo llega a las bodegas de su empresa donde descargó del trailer. Y cuando los alcanza la noche duermen los seis dentro de la cabina.
Raúl de Jesús tiene 8 años y debe cumplir con una tarea de su nueva maestra sobre cómo se contagian las personas de Coronavirus. Cuando termine su mamá tomará una foto a la hoja del cuaderno y se la enviará en un mensaje por WhatsApp.
A su hermana Luz Berenice, de 12 años, parece no sufrir con la incomodidad de tener como asiento la plancha de concreto de la banqueta. No deja de sonreír. Para su clase de español tiene que dibujar un plato de verduras como ejemplo de alimentos sanos que deben consumir las personas.
“Me siento rara. Ya me había acostumbrada a ir a la escuela. Quiero estudiar robótica”, dice la hermana mayor.
Su mamá desea que sus hijos salgan adelante en la vida y no pierde oportunidad para que Luz Berenice y Raúl de Jesús cumplan con los encargos de sus maestras. Aunque sea en la calle y sin la comodidad de estar frente a una computadora en un espacio techado y más fresco.
“Ya estaban aburridos en la casa y por eso nos los traemos cuando mi esposo viaja con el trailer. En Altamira no tienen computadora y hemos salido adelante con el celular”, señala Nereida Patricia.
RECIBEN UN REGALO
Por su perseverancia en el estudio Luz Berenice y Raúl de Jesús recibieron de regalo una tablet por parte de un regiomontano que se conmovió al observarlos tan dedicados en sus clases bajo el sol.
Este jueves por la mañana, en ese mismo lugar antes de regresar a Altamira, los niños fueron localizados haciendo sus deberes escolares y recibieron la sorpresa.
Sorprendidos los niños recibieron una bolsa que contenía una tablet nueva que les ayudará a realizar sus tareas.
Con una enorme sonrisa y gran emoción abrieron la caja y agradecieron el presente que les facilitará mantenerse conectados a sus clases en línea.
Luz Berenice y Raúl de Jesús se lo merecen por ser un ejemplo de que, por el gusto de estudiar, se pueden superar todos los obstáculos.








