Gratitud

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Tenía yo 29 años de edad cuando me quedé sola con un una hija de apenas dos años y medio luego de un matrimonio fugaz y un divorcio bastante expedito. De pronto me vi viviendo como madre soltera sin haberlo sido, porque yo me había casado por las leyes de Dios y de los hombres. Mi plan de vida era estar siempre cerca de mi hija, pero las circunstancias me obligaban a buscar un trabajo de tiempo completo que me permitiera poner pan y leche sobre la mesa todos los días; techo, vestido, salud y educación para mi bebé que poco entendía lo que sucedía y, a veces, cuando yo no podía contener las lágrimas producidas por el cansancio, la preocupación o el temor, ella me decía: “No llolles mami”.

Como muchísimas otras mujeres que han pasado por esa misma situación, no tuve más remedio que hacer de tripas corazón y abocarme a conseguir un trabajo de tiempo completo. Debo agradecer a mi mamá, por ayudarme a cuidar de mi hija en mi ausencia, a mi papá por enseñarme las habilidades para vender carros y a Francis Coronado, quien me ayudó a “hacerle casa” a mi hija siendo una amorosa nana. Así empecé: vendiendo carros y no puedo negar que mi primer sueldo, aunque no era mucho, me hizo sentir algo así como si me comenzaran a salir alas…esas alas de autosuficiencia, de independencia, de conocer una parte de mí que antes no conocía.

Un buen día llegó a la agencia de autos un amigo periodista que me dijo: “¿Qué estás haciendo vendiendo carros si tú eres comunicóloga? Deberías trabajar en tu carrera.” La pregunta me dejó perpleja, hasta que continuó diciéndome que el señor Felipe Zambrano Páez recién había sido nombrado Director General del Fideicomiso Ciudad Solidaridad y que estaban buscando a alguien que se ocupara del área de comunicación. Me entrevisté con el Sr. Zambrano y tuve la suerte de que me contrataran. Aunque el nuevo trabajo era mejor pagado que el anterior, la cosa no era fácil: estábamos ubicados en un ejido en medio del monte en San Bernabé. Muy, muy lejos de mi casa, por lo que yo salía a las 8 de la mañana y volvía a mi casa cerca de las 8 de la noche. Cuando llegaba a casa después de todo el día de ausencia, mi bebé le avisaba a su nana diciéndole: “Mami, ya llegó la señora” (¡La señora! ¡Yo era “la señora”! y su nana era “mami”…porque mami es quien está ahí, quien la peina en las mañanas, quien le prepara la merienda, quien le soba los chipotes cuando se daba un tope contra algun mueble y le cura los raspones cuando se cae, mami es la que le baña al caer la noche y le pone las pijamas limpias…y yo, yo era una proveedora de recursos…era “la señora”). ¡Gracias Francis Coronado, por cuidar de mi hija durante tantos años y con tanto cariño!
Pero trabajar con Felipe Zambrano Páez, me formó profesionalmente de manera muy importante. Él fue siempre un buen jefe: era justo y humanitario. Recuerdo que me decía:

“Chucha, la vida es como una rueda de la fortuna. Ten mucho cuidado cuando vayas hacia arriba de no pisar a los que vienen abajo detrás de ti; porque algún día, tu iras hacia abajo y ellos estarán arriba y se acordarán bien de cómo los hayas tratado.” El tiempo que trabajé en Ciudad Solidaridad fue memorable, hice buenos amigos y aprendí mucho de Don Felipe. El motivó mucho mi gusto por la escritura, me animó a publicar mis textos en importantes periódicos locales y prácticamente detonó mi incursión en los medios de comunicación. Unos años después me contrató otro de mi excelentes jefes-maestros de vida, que fue el Lic. Alberto Santos de Hoyos.

Ahora que me toca a mí dirigir un organismo, recuerdo con gran aprecio lo mucho que aprendí de ellos: la asertividad, la justicia, la determinación, la responsabilidad de estar a la cabeza, la importancia del trato digno para con los compañeros, la sensibilidad, el humanismo, el honor, el servicio, la eficiencia, la lealtad….

Gracias infinitas a Don Felipe Zambrano Páez (QEPD), a su esposa la señora Piny a quien le envío mi más sinceras condolencias. Gracias a toda su familia por su trato, por sus enseñanzas, por su generosidad, su comprensión y su paciencia. Hoy, a pesar de que ya ninguno de esos dos maravillosos jefes y líderes están en este plano terrenal, (Felipe Zambrano Páez y Alberto Santos de Hoyos) debo decir que aunque muchas veces me embarga la tristeza, me han dejado un profundo sentimiento de gratitud, un aprendizaje invaluable y espero en Dios que desde donde quiera que estén, sepan que he puesto en práctica sus enseñanzas, y que mi trayectoria, aunque difícil, ha sido exitosa y que espero no defraudarlos como maestros de vida que fueron para mí.

*(Gracias Mamá porque aun estas con nosotros, gracias Papá (+), gracias Don Felipe(+), Gracias Lic. Santos.(+)…gracias Francis).

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