Reynosa, Tam.-
El agreste invierno se cierne entre la porosidad de las paredes y las uniones del techo de lámina que una muy pobre familia de Reynosa tiene como vivienda.
En un sólo cuarto duermen, comen y se refugian cinco personas del filoso viento de comienzos de diciembre, que raspa los cero grados Celsius en la frontera de Tamaulipas.
Las cobijas son insuficientes para calmar la frialdad y no queda otra opción que apilarse unos con otros para conseguir un poco de calor por las noches, sin el mayor destello que el de un foco, pues la luz se las pasa un vecino.
Aquí no hay lujos ni comodidades: a un paso de la cama se encuentra la mesa y a otro más la estufa y un vacío refrigerador. La humedad en los tabiques provoca los estornudos constantes y las sensaciones de molestia se profundizan.
Es la realidad con la que tienen que los subsistir un padre, ayudante de albañil, su mujer y sus tres hijos, habitantes de la colonia Jacinto López Tres, alejados de la industrializada reputación que tiene la ciudad y de la bonanza y prosperidad que, se supone, significa estar a un paso del país más poderoso del mundo.
Pero eso tal parece que no les sirve nada a los Iracheta Ramírez que, debido a su nivel de precariedad, bien podrían pertenecer a cualquiera de las comunidades más carentes de México.
Tan sólo acudir al baño representa para ellos dejar entrar una bocanada de aire helado al cuarto, después salir y bregar entre el lodo para encontrar la letrina, cubierta con hules y madera a un costado de la construcción.
Una bolsa con papas, huevos y duras tortillas, son el único alimento que Francisco pudo llevar para la casa a unas semanas de la Navidad, después de fletarse 12 horas en una obra, revolviendo cemento, cortando varillas y pegando ladrillos.
Es en la temporada de invierno cuando el trabajo disminuye para el menudo hombre, originario de Doctor Arroyo, Nuevo León, pues las condiciones adversas del clima lo dificultan todo.
Con 200 pesos en la bolsa, esta familia debe esperar con ahínco a que se compongan los días para obtener más dinero y conseguir de comer, porque no hay ninguna seguridad que alguien más les brinde ayuda.
De hecho, Ariana, que es originaria de Tuxpan, Veracruz, tampoco tiene familia cerca que la socorra. Se ayudan criando unos pollos que deambulan por el patio.
Por lo mismo en esta casa no hay opción de mandar a los niños a la escuela, pues eso también representa un gasto, mucho menos existe la posibilidad de comprarles un juguete.
Esta madre afirma, incluso, llevar meses intentando juntar los 500 pesos que le cobra un dermatólogo para atender a su hija Wendy, quien tiene la cara marcada por una enfermedad, porque le dijeron que el Seguro Popular no le da tal cobertura.
UNA LUZ EN MEDIO DE LA OSCURIDAD
Ante el inicio de la época navideña y la intensificación del frío su situación económica parece no tener remedio, mientras los otros hermanitos, Ruth y el pequeño José Miguel, igual no saben de regalos ni mucho menos han visto encendidas luces de colores alrededor de un pino dentro de su reducido hogar.
Mas no todas son malas noticias: alguien que ha mirado sus carencias se comunicó con el periódico Hora Cero, que en la recta final del año 2013 promueve la campaña “Una Navidad diferente”, la cual hará realidad el sueño de varias familias de escasos recursos que no poseen los medios para adornar su casa, darse obsequios y pasar una cena de Nochebuena juntos.
Beatriz Galván, habitante de la misma colonia, asegura que los Iracheta Ramírez se merecen el beneficio y es importante que la comunidad los arrope.
Este medio tomó su propuesta y acudió en busca de la necesitada familia, que se llenó de inmensa felicidad al enterarse que había sido elegida.
Un grupo de reporteros tocó a su puerta para adornar la vivienda con un pino, series de foquitos, escarcha y preparó su mesa a la espera de la cena de Navidad, que llegará el día 24 con todo y regalos.
Visiblemente emocionada Ariana dice sentirse muy dichosa, porque al menos se olvidará un momento de sus problemas para vivir una noche especial.
Contagiados de felicidad, sus niños participan adornando su pino, cantando y brincando de gusto sin importarles el frío. Nunca habían experimentado un momento semejante.
Y aunque batallar es lo que Francisco asegura que debe de hacer para sacar a sus hijos adelante, acepta que algunas ocasiones se siente impotente.
“Pues sí tenemos el sueño de darle una Navidad a nuestros hijos, pero no contamos con los recursos para regalos, porque días trabaja uno y días no.
“Ellos nada más piden, pero no saben que es imposible para nosotros comprárselos, es duro”, comenta.
Este padre de familia que ha levantado su casa con sus propias manos desde hace cuatro años no ha podido seguirle invirtiendo con láminas, madera y cemento, porque su estado laboral ha ido a menos. Para colmo, él, su esposa y sus hijos radican en un terreno irregular y no cuentan con todos los servicios.
SUEÑOS DE NIÑEZ
Pero parece que sus necesidades se les olvidan un poco y la sonrisa se les dibuja a los cinco por el hecho de que ahora pasarán una Nochebuena como nunca la han tenido. Si bien esto no soluciona sus males, al menos los mitiga.
“Estoy contenta, porque se siente bonito celebrarla. Me han dicho que la Navidad es comer, pinos y muchas cosas, yo siempre he querido tener un regalo”, afirma Wendy.
Por su lado, a José Miguel le brillan los ojos con la posibilidad de recibir obsequios. Las carcajadas nerviosas se contagian en estos tres hermanos, que ni siquiera saben lo que es andar en bicicleta.
A Ruth en tanto, le da pena hablar frente a la cámara, pero acepta, risueña, que se siente muy optimista y, aunque a decir de su papá los únicos juguetes de estos niños son unos carros sin llantas que deslizan sobre la tierra, tratan de ser felices con lo que tienen.
“Uno se conforma con lo que hay, no le alcanza para más”, agrega Ariana, quien ve con muy buenos ojos que su familia haya sido seleccionada para tener una Navidad diferente y agradece a quienes lo hacen posible.
Comenta no haber visto tan alegres a sus niños desde hace mucho, porque tienen la esperanza de que alguien entrará por su puerta con una bendición.
Al final las hambres sufridas, las ropas raídas y la recalcitrante rigidez del invierno no parecen tener tanta importancia, porque para ellos es ahora mayor la ilusión de vivir una fecha que esperan sea inolvidable.


