De los simuladores pueden suceder dos cosas: la primera es aprender lo que implica hacer algo, sin que sucedan verdaderas catástrofes o tragedias (propias o ajenas) si uno falla; y la segunda (que no es tan buena) es que la simulación pudiera desensibilizarnos ante la realidad –es decir- llegar al punto en el que terminemos por ver a la realidad como si fuera solo un video-juego o un acto de mera simulación y ya no existe distinción entre lo que es real y lo que es imaginario y el mundo se convierte en un gigante simulacro y ya nada separa lo falso de lo verdadero.
“El jugador puede construir edificios de servicios especiales como prisiones, escuelas, librerías y hospitales libremente, a diferencia del primer juego donde estos aparecen aleatoriamente en los sectores residenciales. El jugador puede también construir autopistas, caminos, estaciones de bus y tren, además de aeropuertos y puertos marítimos. Hay además nueve tipos diferentes de plantas de energía, incluyendo plantas de carbón y gas natural y aerogeneradores, además de plantas futuristas de fusión nuclear y microondas”.
Y no solo eso, “El juego dispone de un sistema de noticias informativas que aparecen mediante artículos de periódico. Las noticias informan al jugador de nuevas tecnologías y desastres recientes, además de advertir de plantas de energía con demasiado tiempo de uso”.
Esto significa que el juego puede darle al jugador sus “periodicazos” cada vez que desatiende algo, cada vez que administra mal el presupuesto, o produce algún desequilibrio que ponga en riesgo el desarrollo saludable y sustentable de la “ciudad”.
En muchos cabrá la duda de si ser nombrado funcionario público (alcalde, gobernador, secretario, etc) es un privilegio o si en realidad es equivalente a sacarse “la rifa del tigre”, porque aunque se trate de una simulación, queda claro que el reto es enorme y la dificultad para mantener la atención debida en todos los aspectos necesarios para el buen funcionamiento (o buen gobierno), es muy exigente.
Vaya, nos deja claro que el buen gobierno y la correcta administración pública no son resultado de la casualidad, ni es cosa fácil.

