Reynosa, Tam.-
Los efectos del frente frío número 23 de la temporada han permitido retratar algunas imágenes de la vida rutinaria de esta urbe fronteriza.
La localidad ha sufrido antes las embestidas de otros sistemas climatológicos más severos, algunas veces con caída de nieve, pero no por eso los 6 grados (con sensación térmica de 1) dejan de sentirse filosos entrando por los poros al cuerpo, y más después de superar los 30 grados el día anterior.
Un recolector de basura soslaya las ráfagas de viento que golpean su cara. Se baja corriendo, toma bolsas y las arroja sobre la batea del camión. Una señora resguarda a sus hijos, los abraza. No llueve, pero hace mucho viento. Personas van y vienen en la zona Centro de la ciudad.
Compran provisiones para pasar las siguientes horas, en las que el termómetro se espera que descienda a una temperatura cercana a la congelación. Los bolillos ya se agotaron. Las filas fueron largas en las panaderías y centros comerciales hoy.
Hubo quienes ya no alcanzaron a comprar uno solo. La ciudad no se detiene. Las estaciones de gasolina despachan.
Las peseras, aunque tres pesos más caro, siguen brindando servicio. Un payaso hace faramalla. No está actuando, con sus brincos intenta mitigar el frío.
El día y la noche se prestó para encender fogatas, la gente se arrima. Se frotan las manos, disfrutan de las ondas de calor contratantes con el helado clima que se siente en el ambiente.
Una niña migrante asoma su cabeza por una rendija de la tienda de campaña que se asienta sobre el frío piso de la Plaza de la República. Como ella dos mil ahí pernoctan acurrucados.
Grandes voces se oyen, líneas largas de mujeres se miran. Una organización humanitaria entrega gorros y les pide que se protejan. Los niños agarran el suyo primero.
Platillos humeantes con sopa caliente pasan de mano en mano de los voluntarios de The Inmigration Coalition a los migrantes centroamericanos.
Con eso entretienen un rato el estómago. No van los platos rebosando, porque es para que alcancen todos. En medio de una grande necesitad la multitud se muestra gestos de solidaridad. Agradecen a los habitantes de Reynosa que se han acercado para llevarles ropa y comida. Son días de invierno crudo de enero.
La escasez es mucha y los obreros son pocos.
De todas formas el gobierno municipal de Reynosa hace su parte. También les brinda ayuda y a los ciudadanos en general les presta el Polideportivo para albergarse. Reynosa pasará hoy una noche más fría que las del común del año.
Muchos dormirán en las comodidad de sus hogares, otros tantos no descansarán. Es la fisonomía de un país y de una ciudad de la frontera. El dolor y el frío castigan, pero también son una señal de vida.




