¿La libre expresión ha muerto?

Últimas Noticias

Vivimos para expresarnos, somos entes hechos para comunicar, nuestros actos tienen un mensaje, las miradas, gestos, e incluso el silencio.

Pero ahora algo ha cambiado, de pronto las conferencias, las entrevistas, y qué decir de las pláticas de sobremesa o un simple post en redes sociales, se han vuelto un campo minado. Nadie está a salvo de que una creencia le haga blanco de burlas y objeto de odio, pues el lenguaje ha sido amordazado.

La consigna es directa y clara: “No digas nada políticamente incorrecto”. Se puso un filtro auditado por lo que dice la mayoría, sin importar si es verdad o no. Si te sales del estatus quo pagarás la cuenta; di algo que atente contra el discurso aprobado y serás materia de escarnio; no hay espacio para el disidente en la cibercultura actual.

El derecho a la libertad de expresión consignado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo artículo 19 señala: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Sin embargo ahora muchas palabras se callan por miedo. Para una parte de la población que se autocensura la libre expresión ha muerto, y para otros tantos al menos agoniza.

Decir la verdad es un acto de valientes. Hoy la verdad es llamada “relativa” asusta la radicalización del lenguaje, pues todo debe ir a medio tono: ni blanco, ni negro, el gris ofende menos.

Pero ¿por qué es tan importante darle voz a la realidad?Digamos que “si no se nombra, no existe”. Como un conjuro de la palabra, si lo evocas sonoramente no hay forma de negarlo, mas si lo omites, y si “no lo llamas por su nombre”, es como si viendo no viéramos. Extraño sortilegio del lenguaje.

“Hay en el ser humano una necesidad ancestral en comunicar y la cultura tiene su origen en ello, por ello en la modificación del lenguaje no hay nada inocente. Es lo que se llama un “adoctrinamiento social”, un ejemplo sencillo sería evocar las siguientes palabras: “aborto” o “interrupción legal del embarazo”. ¿Cuál nos remite más a la realidad que nombra? Si lo analizamos con calma veremos porque tantos esfuerzos por introducir en la lengua aquellas palabras o modismos que más que reflejar la realidad, apuestan por construirla.

Un ejemplo de esta ingeniería social sería la movilización de numerosos grupos para impulsar lo que llaman un lenguaje inclusivo, pero no se trata de incluir a las minorías indígenas que mantienen el uso de sus dialectos, ni de universalizar la enseñanza del lenguaje de señas. Se busca meter a la fuerza la letra “e” en cada palabra.

Urge tomar conciencia de estas dos realidades; el silencio cómodo de la autocensura y la modificación arbitraria del lenguaje (impulsada por muchos frentes) que incluso provocó que la misma RAE (Real Academia Española), en el 2020, incluyera en su Observatorio de Palabras como parte del lenguaje inclusivo “elle”, pero que debió retirar ante la resistencia de quienes se niegan a dejarse doblegar por la arbitrariedad de la moda.

La palabra descubre, mueve y despierta. Por tanto estamos siendo testigos de atentado atroz de quienes buscan matar la libertad de expresión, y no perciben que lo que consideran un arma es a la vez defensa; el bastión que mantiene bajo resguardo las bases mismas de la libertad del ser humano.

Cuando el poder de la palabra se hermana de la verdad no hay engaño que perdure. Es por eso que para muchos urge no solo asesinarla sino sepultarla bajo toneladas de frases “políticamente correctas”.

Pero habrá quién se niegue a decir lo que la mayoría “aplaude”. Paladines de la palabra, guerreros en cruzadas generalmente desiguales, que desafiando la marea den la batalla por defender el lenguaje y su libre expresión, apostando por el futuro de nuestro hermoso idioma del que se asegura el emperador Carlos V dijo: “Hablo en español a Dios, italiano a las mujeres, francés a los hombres y alemán a mi caballo”.

- Anuncio -

Columnas

Vuelta a la derecha

¡Arde Nuevo León!

La banca no es eterna

- Anuncio -