En Matamoros hay historias que nos tocan el corazón porque al relatarlas y conocerlas nos podemos percatar de cómo una buena acción de personas que han sido dotadas de un talante verdaderamente altruista, logran cambiar vidas para bien en quienes padecían ciertos malestares, que al aterrizar en su existencia dicha ayuda, ese momento se convierte en un parteaguas que define su existencia por un nuevo rumbo en el que un elemento irrumpe en sus vidas y las cambia, el elemento aludido se llama calidad de vida con felicidad.
El día de ayer tuvimos la oportunidad de dialogar en la radio con el doctor Chaires y el Lic. Pedro Ciro, a quienes en el breve momento que los entrevistamos pude leer, como en su momento lo hizo Fiódor Dostoyevski en las calles de San Petersburgo a las personas para escribir la novela “Pobres Gentes”, en su fisionomía y su narrativa la gran trascendencia de lo que es la labor filantrópica que hacen en la Fundación Cambiando Sonrisas (FCS).
Por este bendito motivo me puse a pergeñar al respecto de lo que es el labio leporino y paladar hendido; definitivamente en la era en que la información está al alcance de un clic no resulta complicado indagar nada. Estos padecimientos son un defecto congénito que afecta al labio superior y al paladar. Aparece durante la fase de gestación, pudiendo ser una pequeña hendidura o una fisura mayor del labio que llega hasta la base de la nariz.
Quienes lo padecen o lo han padecido comienzan por lidiar con el conflicto existencial de encontrar la razón por la que en la lotería de la fatalidad les tocó vivir este suplicio por decirlo eufemísticamente. Con el devenir del tiempo las laceraciones más dramáticas no son las físicas sino las sociales, comenzando por el rechazo. Cuando un padre y una madre ven en el flujo de su vida que alguno de sus hijos está marcado por esta situación, comienza en ellos una batalla para encontrar el camino que les haga cambiar el destino de sus vástagos afectados.
Al principio parece un destino inexorable, es decir, suponen que no tiene solución. Pero cuando en medio de su cotidiana tragedia vislumbran la más mínima posibilidad, lo imposible comienza a ceder y las aguas turbulentas del destino se abren ante ellos como un fascinante déjà vu de Moisés frente al Mar Rojo o comienza la Fe (así con mayúscula) a mover las montañas de Mahoma.
Como en el caso de aquel matrimonio de Bustamante, Tamaulipas, que en medio de una extrema pobreza tuvieron la bendición de tener un hijo, y ese hijo llegó con el reto que les imponía el labio leporino y el paladar hendido. Los primeros días vivieron con esa curiosa sensación de sentimientos encontrados, la felicidad de tener descendencia y el agobio de ver a su hijo con su desarrollo incompleto en esta vida.
Escucharon en un medio de comunicación al respecto de esta Fundación y la luz de esperanza quedó prendida en su voluntad a pesar de su pobreza lacerante. No tenían medio de transporte, pidieron uno. No tenían dinero para la gasolina, pidieron prestado y solo consiguieron para el viaje de ida a Matamoros. ¿Cómo se iban a regresar? No lo sabían, el objetivo era llegar a la Fundación, toda proporción guardada, esa era su tierra prometida. Llegaron.
Fueron recibidos y atendidos por el doctor Chaires, ellos con el anhelo de cambiar el destino de su hijo y con la incredulidad propia de quien desde la trinchera de la escasez busca cambiar el horizonte de nubarrones en un paisaje de soluciones. Conforme vieron la seriedad de la FCS, no solo para resolver el problema de su hijo, sino también el de ellos en los gastos que implicaban su estancia y hasta su retorno. Dios provee de manera más que sorprendente. Hoy su hijo es un destacado profesionista. No solo cambiaron su sonrisa, también cambiaron su destino.
Querido y dilecto lector, esto es lo que ha venido haciendo desde hace veintidós años la FCS, que inició en forma laica en el 2000, y ya constituida como tal desde el 6 de junio de 2006, avalados por el doctor Fernando Ortiz Monasterio, en el hospital Manuel GEA González en la ciudad de México.
Generalmente las campañas se hacen en la última semana de mayo, pero en esta ocasión se hicieron a finales del mes de julio en tres días. Además, a lo largo del año hacen una semanal. Cabe mencionar que también atienden a niños sin orejas, las cuales junto con las de labio leporino implican cirugías que duran de tres a cuatro horas. Este año atendieron a 51 pacientes. Al día de hoy nos cuentan que la FCS es la única institución que existe en el país que organiza esta campaña para la cual se requiere donaciones. ¿Quién se apunta?
El tiempo hablará.

