“El futbol de posesión no está tan de moda como hace algunos años”, declaró apenas unas horas antes Carlo Ancelotti, el italiano técnico del Real Madrid.
Y miles de kilómetros de distancia, los Tigres están demostrando que no están a la altura de algo que empieza ser importantísimo en estos tiempos: defender sin pelota.
Cuando tienen la posesión todo parece estar “ok”. Pero cuando no, no importa que les lleguen poco, cuando les llegan es con peligro. Da la impresión de que por buscar el equilibrio, Miguel Herrera cada día se aleja cada vez más del sello que prometió.
Es que parece cada vez más difícil encontrar una definición a su estilo, que cada vez naufraga en la búsqueda de una identidad.
La mala noticia de esta noche en el Estadio Universitario no sólo ha sido la derrota de 1-0 ante el León, sino este equipo en su afán de encontrar una solidez defensiva, ahora tampoco ataca con la agresividad o las variantes de los primeros partidos en la era de Herrera, o de otros tiempos, con otros equipos.
Un sistema de juego que para atacar parece necesitar una buena cantidad de jugadores, pierde variantes cuando trata de ser más conservador para no quedar mal parado atrás.
Y cuando arriesga, vuelve a ser tomado en el contragolpe. Un autogol de Samir Caetano abrió la puerta para la victoria del León, en la primera parte, un León que pudo haber hecho al menos dos goles más, cuando tomó mal parada a la defensa felina, o porque fallaron sus delanteros, o porque Nahuel Guzmán volvió a agrandarse.
Al ataque Tigres dependió de alguna genialidad de Córdova o de Gignac, que se quedaron muy cerca del empate, con un balón que pasó muy cerca en una media vuelta del ex americanista o un balón en tiro libre del francés, que pegó en el travesaño.
Si hace algunas semanas Tigres dependía de las emociones de su técnico, ahora parece depender de su mente, para lograr defender sin la pelota y encontrar las variantes que solían tener sus equipos, pero sin descobijarse atrás.
Los abucheos de la afición se escucharon de la tribuna se antes y después del partido. El “Piojo” necesita salir de su laberinto.


