La palabra “bruja” está muy estigmatizada. Nos imaginamos una mujer brutalmente fea, malvada, perversa, sometida por sus demonios; casada con ellos y a merced de sus designios. Y sí, algunas así son. Pero muchas brujas son increíblemente hermosas, sabias y generosas. De una u otra forma, es inevitable: todas las mujeres nacimos para consolidarnos como brujas. Es algo que está inscrito en nuestra naturaleza y en nuestra esencia de género. Es un destino ineludible.
La condición de bruja en plenitud, independientemente de cualquier otra cualidad o cualquier otro defecto que tengamos, es un grado que se alcanza y consolida solo con la edad. Es decir: con el tiempo. Y, aunque ser brujas es algo intrínseco e ineludible, existen dos opciones: convertirnos en una bruja buena o en una bruja mala. A lo largo de nuestras vidas, todas las mujeres vamos desarrollando nuestro potencial de brujas. Es normal que, en el proceso, todas probemos un poco de lo que es ser buena o ser mala bruja. Solo así llegamos a conocer a nuestros demonios que constantemente nos ponen a prueba. Las brujas “malas” son las que sucumben ante sus demonios y las brujas “buenas” son las que logran someter y vencer a sus demonios.
Los demonios no son otra cosa más que personificaciones de la ira, el rencor, el resentimiento, los celos, la envidia, la amargura, maledicencia, etc. Si estos demonios dominan a la bruja, ella será fea, mala y vivirá por siempre confinad en la oscuridad…Pero, cuando la bruja los vence, ella convierte a esos demonios en resiliencia, valentía, integridad, generosidad, salud, vida, alegría y gratitud. Pero esa lucha de las brujas contra sus demonios toma mucho tiempo y mucho trabajo interior.
Así es como con los años, vamos descubriendo y aprendiendo a usar nuestros poderes tales como la intuición, el sexto sentido, la percepción extrasensorial, la capacidad de leer la mente, de escuchar a nuestro cuerpo de percibir “vibras”, de predecir eventos y consecuencias, implementar remedios, persuadir voluntades, alimentar espíritus, sanar heridas del alma, hacer rendir lo escaso y otros malabares ante los que el simple hecho de “volar en una escoba” parece solo truco barato.
Según Jean Shinoda Bolen –doctora en medicina, analista junguiana y profesora de psicología clínica de UCLA- La condición de bruja se alcanza en la etapa postmenopáusica. Es decir: todas las brujas son, en el buen sentido de la palabra, “ancianas”. Antes de eso, todas las mujeres son “brujas en desarrollo”. Existen 13 cualidades que determinan el que una mujer haya alcanzado su potencial como bruja: Las brujas no se quejan, son atrevidas, tienen buena mano para las plantas, confían en sus presentimientos, meditan a su manera, defienden con fuerza todo lo que les importa, deciden su camino con el corazón, dicen siempre la verdad con compasión, escuchan a su cuerpo, improvisan, nunca imploran, las brujas ríen juntas y saben saborear lo positivo de la vida.
En fin…todas las mujeres estamos irremediablemente destinadas a consolidarnos como brujas. Nuestro albedrío nos permite decidir si queremos ser brujas bellas y buenas, pulidas en la batalla, o brujas feas y malas desfiguradas en la derrota.

