Mi abuelo y yo

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Nacer en una Familia de puros fotógrafos es una verdadera Bendición de Dios.

Crecer oliendo el revelador y fijador, y ver cómo mi abuelo Isaías construía sus cámaras de madera, a las cual él les llamaba minuteras, es un gran honor y compromiso hasta ahora en mi vida.

Le llamaba mi abuelo así a sus cámaras porque el tiempo de entrega de las fotos a los clientes era de minutos, desde la toma fotográfica, proceso de revelado e impresión todo en minutos, hasta su entrega a los clientes ya impresa en blanco y negro.

Él tenía un punto de servicio por la Calzada Madero y ahí trabajó por muchos años hasta su deceso. En ese lugar oor décadas dio servicio a toda la comunidad regiomontana; aparte de foto ID también iban por él para llevarlo a los camposantos a tomar las fotos que en aquellos años eran una cultura regia: la foto familiar con su ser querido ya fallecido en su ataúd.

En diferentes épocas del año viajaba por el Estado y documentaba las fiestas patronales en los municipios más importantes.

Para las nuevas generaciones les explico qué era la cámara minutera. Era como la que usaba el Chavo del 8 en su programa de televisión; esa era el tipo de cámara que mi abuelo construía de madera y aluminio. Era su herramienta de trabajo.

Recuerdo que de niño era feliz, estando en su taller de mi abuelo y siempre preguntándole cosas: “Abuelo, y los lentes que usa tu cámara dónde los consigues, y él me contestaba: ‘son alemanes’”.

Me contaba de varias marcas, pero a él le gustaba mucho Leica, porque me decía que le daba una definición a las imágenes a los rostros increíble. Y constantemente iba con el a la Botica San Carlos, que aún existe y se ubica en calzada madero y Diego de Montemayor. Iba a comprar todas las fórmulas para producir el revelador y el fijador. Todo en sus tiempos era artesanal.

Y en su taller tenía una pesita pequeña donde pesaba en gramos todos los polvos que contenían las formulas. Las mezclaba y fue cuando mi nariz olió esos líquidos por primera vez.

Esos aromas fuertes que producen esas sustancias mágicas, y que por muchos años seguí percibiendo; aromas sagrados para los fotógrafos de mi época.

En fin, así comenzó esta maravillosa profesión de ser fotógrafo. Y quiero aclarar que mi padre no quería que fuera fotógrafo y mucho menos de prensa, pero en 1984 fue tanta mi insistencia. Y después de cumplirle a mi papá de que estudiara una carrera, y después de eso me daría su permiso, la verdad me quedé a casi terminar dos carreras.

Pero no era feliz. Yo quería ser fotógrafo y de prensa. Profesión que me permitió crecer mucho profesionalmente y viajar por diferentes partes del mundo.

Hasta la fecha, ya con 38 años en esta hermosa profesión, sigo activo y muy agradecido con muchas personas que conocí por todos los caminos de mi vida. Gente profesional que admiro y respeto mucho.

Una mención muy especial es para mi maestro Filiberto Macías. Fue él quien creyó en mí desde el primer día de trabajo y me enseñó el camino hacia el éxito en el foto periodismo.

ESCRIBIR CON LUZ

Es como un pequeño homenaje a mi abuelo que fue un hombre enamorado y apasionado hasta sus últimos días de su oficio de fotógrafo, y que un día me dijo: “MIENTRAS HAYA UN RAYO DE LUZ EN EL LUGAR DONDE VAYAS A RETRAR, NO TENDRAS PRETEXTO ALGUNO PARA NO HACER FOTOS”.

Y a las nuevas generaciones de fotógrafos de todas las especialidades les comparto la fórmula del éxito que un día me dio mi abuelo, y que a él por eso siempre le fue excelentemente bien en su profesión.

Este es el consejo de un fotógrafo veterano ya en el retiro que le dio a su nieto el día que por primera vez, tras de librar muchas condiciones de su familia, se le dio el permiso de ingresar a un medio de comunicación en Monterrey en aquel tiempo llamado El Diario de Monterrey. hoy Milenio. allá por agosto de 1984.

“CUIDATE MUCHO, Y POR FAVOR RECUERDA QUE CADA QUE HAGAS CLICK CON TU CAMARA PONLE TODA TU PASION, TU AMOR Y ENTREGA. Y SI UN DIA DEJAS DE SENTIR ESOS SENTIMIENTOS MEJOR BUSCA OTRO PROFESION, PORQUE QUIERE DECIR QUE NO TIENES LA CAPACIDAD DE SER FOTOGRAFO”.

Gracias a ese consejo llegué a un gran nivel profesional, y aún no puedo creer todo lo que pude lograr.

Y les digo que a 38 años ya de aquel maravilloso día sigo siendo un fotógrafo ya viejo, pero apasionado y enamorado de su profesión, y sigo sintiendo ese amor y esa entrega cada que hago click con mi cámara y así será hasta mis últimos días.

Gracias a otro apasionado del periodismo, Héctor Hugo Jiménez, con quien compartí coberturas periodistas en nuestras etapas en el periódico El Porvenir.

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