Los misteriosos camposantos de Reynosa

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Reynosa, Tam.-
En la época colonial en México la doctrina católica y sus enseñanzas inculcaban que la vida era un lugar de tránsito y la muerte era necesaria para la purificación, por esta razón el lugar de entierro tenía una consideración especial.

Los pobladores novohispanos utilizaban el interior y el atrio (patio) de las iglesias como lugar propio para esperar el juicio y la resurrección de los cuerpos. En la iglesia de Reynosa no fue la excepción.

De acuerdo al cronista de Reynosa, Martín Salinas Rivera corría el año de 1802 un 25 de agosto cuando por recomendaciones de autoridades del virreinato solicitaron incluir un solar para la iglesia dentro de la traza de la entonces recién  trasladada Reynosa a las lomas de San Antonio,  bajo los reglamentos de Leyes de Recopilación de Indias.
cementerio

Se cuenta con información de por lo menos dos construcciones de bajareque y techo de paja que existieron en este solar que funcionaron como templos,  antes de la terminación de la primera etapa del edificio de cal y canto que se proyectó desde 1810.

Antes de que concluyera la fase primaria del primer templo, también se rentó un local fuera de este sitio para oficiar misa.  En diciembre de 1835 se terminó e inauguró la primera construcción formal de cal y canto del antiguo templo de Nuestra Señora de Guadalupe.

 (1802-1833) EL PRIMER CEMENTERIO EN REYNOSA

Esta primera iglesia de materiales solidos sería derruida a principios de los años de  1950, para dar paso a la construcción delmoderno templo.

En sus publicaciones el primer cronista de Reynosa, don Donato Palacios, nos cuenta del hallazgo de “los restos de unas veinte personas cuando se hicieron las excavaciones en el año de 1947, para la cimentación de la que habría de ser la nueva edificación de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.”

Estas profundas excavaciones para las bases del nuevo  templo se hicieron por el costado norte  la antigua parroquia antes de ser derribado el edificio original.

El primer cronista de Reynosa nos narra que  “Este hallazgo de despojos humanos causo alarma en ciertas personas y hasta se llegó a pensar en olvidados sucesos anormales; el párroco de la Iglesia en esas fechas  señor presbítero y licenciado don Antonio Mares Torres comunicó a las autoridades en forma oficial sobre los hechos.”

Sin duda esto localizaba el lugar donde los reynosenses sepultaron a sus primeros fallecidos en la nueva  villa, en las lomas de San Antonio, ya que en la antigua villa que se ubicó a 22 kilómetros rio arriba (la actual Reynosa Díaz)  probablemente enterraron a sus muertos.

Primero en el atrio del jacal que sirvió  de Iglesia a la misión San Joaquín del Monte a tres kilómetros río arriba de esa primer villa y después en las inmediaciones de la  construcción de adobe que sirvió de iglesia dentro de ese primer asentamiento.

El edificio más antiguo que permanece en pie en la ciudad de Reynosa es la  torre del campanario de la iglesia, que  fue construida en diferentes etapas. La primera fue terminada en 1835 junto con la nave de la iglesia, después se le agrego otro cuerpo  en 1863 cuando se celebraron festividades durante ocho días.

Fue concluida en su totalidad hasta 1898. En esta última fase se le preparo la parte superior para albergar un  reloj, que había sido donado por la ciudad de Matamoros, en  tiempos del Presidente Municipal Juan Bautista Chapa.

Según la documentación de tesorería en el archivo municipal de Reynosa, el reloj del campanario había sido traído por ferrocarril y recibido desde el día cuatro de abril de 1894.

El patio de la iglesia se utilizó como camposanto por 31 años hasta 1833,  fecha en la que el entonces gobernador de Tamaulipas, Francisco Vital Fernández,  expidió un decreto ordenando que no se hicieran inhumaciones en terrenos de las iglesias del Estado para evitar la propagación de la peste del cólera morbo que abatía la zona costera de Tamaulipas.

Salinas Rivera precisó que es probable que no se haya enterrado a ningún reynosense dentro del templo, ya que la iglesia fue construida en los años que siguieron.

Gran parte de la edificación se levantó en el mismo año de su inauguración, en 1835; aunque se tiene datos que se empezó a recolectar materiales para su construcción desde 1810, como lo confirma las inscripciones en la viga de sabino que se encuentra en el Museo Histórico Reynosa.  Esa viga fue parte del primer escalón para subir al altar de la antigua parroquia.

De hecho el Ayala, es uno de estos sitios arqueológicos,  que fue encontrado  al suroeste  del actual aeropuerto de McAllen, Texas, en 1944.

Otros como el Floyd Morris en el Condado de Cameron y el cementerio de la Isleta Sureña en la Presa Falcón nos muestran las practicas mortuorias en las parte baja del río Bravo por casi  tres mil  años.

VICTIMAS DEL CÓLERA

Entre 1833 y 1861 se abrió el segundo panteón en Reynosa, para dar sepultura a las primeras víctimas del cólera.

Este se  ubicó en un sitio que en  ese entonces se encontraba distante de la villa por lo que es ahora la calle Aldama; en el terreno donde actualmente se encuentra la Escuela Club de Leones No. 1.

En este lugar los reynosense  enterraron a sus difuntos  por veintiocho años; el lugar sobresalía  por sus altas bardas que lo rodeaban.  El material de sillar fue utilizado posteriormente para construir otros edificios públicos de la ciudad durante  las primeras  décadas del siglo XX.

Las epidemias de cólera a mediados del siglo XIX  saturaron rápidamente este panteón. Algunos restos óseos se han encontrado durante excavaciones de reconstrucción y mantenimiento del plantel escolar que data de 1968.

CEMENTERIO BAJO LA CLÍNICA DEL ISSSTE

Sobre la calle Nicolás Bravo con López Mateos, a espaldas de la vía del ferrocarril y a un costado del paso a desnivel No.1 se tienen registros del panteón que ha durado más tiempo en Reynosa y se ubicó en los terrenos que ocupa la clínica-hospital  del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste).

Se estima que funcionó por 93 años hasta que su cupo se agotó  en el año de 1954. Durante los meses de mayo de 1965 se iniciaron los trabajos de desalojo de los restos de los antiguos reynosenses, pero aun quedaron algunos sin inhumar.

Desde inicios de la década de los años 1960 la reconocida antropóloga Antonieta Espejo instaló las oficinas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Noreste, en la planta alta del edificio Tiburcio Garza Zamora.
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Una de sus tantas tareas por estos lares, fue rescatar la información antropológica de la necrópolis antes de  que fuera desocupada.  Pues dentro de los primeros planes para dicho terreno del panteón se pensó la posible creación de un edificio para  un Museo de INAH del Noreste de México  y una gran biblioteca.

Se menciona que la antropóloga Espejo utilizó la azotea del edificio Garza Zamora  como laboratorio arqueológico para la investigación de los materiales óseos y culturales de dicho panteón.

En ese camposanto se hizo un estudio a 54 personajes que estuvieron relacionados con importantes eventos de la villa, durante  Intervención Francesa y  la Revolución Mexicana.

Cabe resaltar que muchos de los restos humanos de estos tres panteones fueron rescatados y permanecen hasta hoy en día en estas tres instituciones relacionadas con salud, educación y religión.

Por la carretera a Monterrey (Blvd. Hidalgo)  empezó a funcionar el panteón municipal que lleva el nombre de Sagrado Corazón en 1949 y el panteón privado  de nombre Guadalupano desde 1947. (Material publicado con anterioridad para Hora Cero Tamaulipas).

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