Una Navidad atípica

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Ya vamos a la mitad del mes de diciembre, último del año y las primeras fiestas navideñas que podemos celebrar con cierta relajación, no mucha, después de la pandemia que nos robó muchas cosas, nos quitó muchas vidas y nos zarandeó la existencia como jamás lo hubiéramos esperado en esta generación. Sin embargo, nos dimos cuenta que la vida continúa y seguimos aprendiendo en lo cotidiano el valor de lo excepcional al ver con claridad lo frágiles que somos como seres humanos.

Pero bueno, el punto es resaltar lo excepcional de este fin de año que nos agarró a nivel global con un mundial muy navideño o una navidad muy mundialista, amén de que en Tamaulipas nos invade el tema electoral por la abrupta e inesperada muerte del doctor Faustino López, que nos quitó la paz electoral y nos mete en la espiral de un proceso que se adelanta a las elecciones programadas de Coahuila y del Estado de México, que por la inercia triunfalista de Morena en Tamaulipas no se requiere de mucho seso para entender que la verdadera batalla por este escaño está en la interna de partido guinda, aunque por entender que el azar siempre juega en las cosas más ínfimas de la vida, no podemos dar por descontado cualquier sorpresa.

Pudimos ver en pleno ambiente navideño los juegos de semifinales entre Argentina vs Croacia y Francia vs Marruecos, justas deportivas que eran privativas de los meses de verano y no conforme con eso la final del mundial Catar 2022 se jugará a una semana de que celebremos el nacimiento de nuestro Señor y Maestro Jesucristo, que algunos conocedores afirman que si nos aplicamos con estricto sentido histórico a lo que la Biblia dice no nació en estos días fríos de fin de año, pero si me dejas, sesudo lector, ser un tanto más cuanto pragmático, el punto es que nació; que los cronistas o historiadores tengamos errores de interpretación es muy normal.

Antes nuestras navidades las dedicábamos solamente al tema que nos ocupaba de la celebración de la natividad, hoy nuestras mente está invadida de mucha información y por lo tanto estamos muy dispersos, corremos el riesgo de perdernos y no darle el valor que haga del momento un grato recuerdo en el futuro. Paso a explicarme con lujo de detalles para no dejar cabos sueltos que no te permitan, estimado lector, aterrizar en su justa dimensión las intenciones de la presente narrativa.

Debo confesar un mea culpa. Más que atraparme, me fascina ver en mi nítida televisión inteligente de muchas pulgadas las micro expresiones faciales de los jugadores que participan en este mundial. Ver a Leo Messi con su rostro de niño bueno y sus muchos tatuajes que invaden su cuerpo visible, corriendo por el campo de fútbol después de un gol anotado con una ostentosa expresión de satisfacción existencial frente a un segmento de las gradas y pararse frente a las porras argentinas y que lleguen sus compañeros de equipo a hacerle bola en plan de celebrar y además ser adorado como un dios moderno, así con “d” minúscula, me produce una emoción efímera pero creo que si me genera todas las hormonas de la felicidad, la serotonina, la endorfina, la dopamina y la oxitocina.

Por la parte francesa me produce ternura filosófica la presencia de Kylian Mbappé, a diferencia de Messi que ha ido a todos los mundiales desde que tengo uso de memoria y aún no es campeón del mundo, este jugador francés de 23 años, casi 24 pues los cumplirá el 20 de diciembre, el martes después de la final, fue campeón a los 19 años. Verlo sin los tatuajes del argentino y su rostro relajado después de haber hecho una carrera intensa del medio campo hasta la portería de sus rivales para intentar hacer un gol como si fuera cosa de nada; hace ver las cosas tan engañosamente fáciles que cualquiera quisiera ser Mbappé.

Querido y dilecto lector, como son días para celebrar la navidad hago una batalla en mi mente para no desubicar la definición de Jorge Valdano, el filósofo argentino del fútbol, en el sentido de que precisamente el fútbol es lo más importante de lo menos importante. Por muy nítidas que vean en mi “Smart TV” las emociones de los jugadores del mundial de Catar 2022, asumo que prefiero la emoción de ver a mis hijos, mis familiares y mis amigos a plenitud en esta Navidad y fin de año.

Reconozco que hoy contemplo los detalles de la vida quizá con más romanticismo que antes de la multicitada pandemia, la cual me hace poner las cosas en una balanza llamada “punto medio”, que es el estado de felicidad que ayuda a nuestro crecimiento y no se queda solo en emociones sin sentido.

El tiempo hablará.

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