Esta anécdota ya la conté hace algunos años, pero viene a cuento porque en estos días sucedió algo similar.
En un desayuno de trabajo, en el Club Campestre de San Pedro con un directivo de un club profesional de fútbol, reclamaba las críticas hacia su equipo.
Su argumento era que los periódicos para los que yo laboraba como columnista y editor de contenidos necesitaban hablar bien de su equipo para venderse. Casi casi me dijo que existían, gracias al equipo que él presidía.
Obviamente no hicimos caso. Luego me costaría el trabajo, porque Cemex y Femsa pesan, pero ése es capítulo de otro libro.
En otro momento, el directivo de otro club, reclamó airadamente en una comida porque en una columna de opinión, había comentado de la sanción a fans que se habían visto envueltos en una bronca y los vetaran con el argumento de que estaban ebrios y hacían desmanes. No se cuestionaba la sanción, sino la hipocresía… porque los juegos eran a las 5 de la tarde, con una temperatura de 30 y tantos en verano, tú no podías llevar agua de tu casa, les escondían la que vendían con el argumento que se agotaba, cuando todavía no comenzaba el partido, para poder venderles la cerveza… los emborrachaban, luego los sancionaban por desmadrosos.
Esta persona luego se convertiría en sicario profesional de los dueños de dinero para golpear a un presidente. Ésa es otra historia.
Hace unos días, un presidente de una lavan… perdón, de un equipo enclavado en la tierra del narco, les ofreció a sus jugadores darles 300 mil dólares si ganaban su primer partido del torneo. Y si perdían, tendrían que pagar ellos 30 mil dólares para poder comprarse dos carritos de golf. Hoy vuelve a apostar y les dice que les cambia los dos carritos, por dos goles.
El punto es que los directivos no es que se hagan tontos o que no sepan de fútbol, saben de negocios y el negocio es tener equipos malos, con jugadores de desecho, que ya no quieren otros, para estar siempre navegando en la mediocridad y el negocio está en mover activos. En el trasiego de piernas y la trata de personas con tachones. De eso se trata. Imagínate que es una carrera de autos y vas contra autos de la F1 y tú quieres competir con la troca donde entregas los muebles de tu negocio ¡Pos no!.
Por la apuesta, un comentarista de ESPN lo criticó.
“Una nueva entrega del manual del propietario de equipos latinoamericanos. Son tan pobres que solo ofrecen plata”, tuiteó Fernando Palomo.
Y la respuesta del rijoso que se hizo millonario haciendo negocios turbios como apoderarse de una empresa familiar llamada Salinas y Rocha y negociando con el gobierno para que le vendieran en tres pesos una televisora gubernamental llamada Imevisión, respondió:
“Hay mucho pendejø como éste, que por ser comentaristas se ven a sí mismos como expertos, jugadores, directores técnicos y hasta dueños de equipos… viven de la crítica hacia todo. No saben hacer nada, de todo se quejan pero comen y mantienen a su prole gracias a dueños como yo”.
Es muy cierto que muchos comentaristas, los que trabajan para él y comen de su mano, los aztecos, pues, le pueden besar las botas, y llamarlo “el patrón” como si fuera hacendado y ellos sus campesinos. Si quieren, pueden hacerlo –o los despiden–, pero no creo que el resto paguen las colegiaturas de sus hijos y sus sueldos provengan de estar hablando de una basura de equipo como es el sinaloense.
Ese tuit de respuesta a lo que dijo Palomo es una prueba de que el dinero te puede dar poder, pero no te quita lo imbécil.
El punto es lo loco que se vuelven los dueños del balón y los directivos, que piensan que tú existes por ellos. Hay muy malos comentaristas de fútbol, la gran mayoría, pero, vamos… digamos que están el sapo pa’ la pedrada. Malos equipos, pésimos directivos, malos comentaristas. Ahí van de la mano.
Lo que da risa es que se sientan derechohabientes del IMSS gritándoles en redes sociales a los periodistas: !Por mí, tragas!
Este sí, que le ganó a los asquerosos y pésimos comediantes que tiene la barra cómica de su televisora.


