Nada que valga la pena en esta vida es fácil y aplica a cualquier ámbito, desde luego en el running aunque se practique de forma recreativa el tener buenos resultados siempre dependerá de el nivel de esfuerzo que pongamos para alcanzarlos.
Platicando con mi entrenador y haciendo ajustes para mi programa de entrenamiento, veo con asombro e, incluso, algo de miedo, las sesiones que me esperan las siguientes semanas, que luego se convertirán en meses, porque ya sé que tomará mucho tiempo llegar a donde quiero estar, y empiezo a dudar y a querer que me “baje” un poco el ritmo que me propone llevar.
Y es que es verdad asusta de pronto ver todo el mes de golpe y pienso, por lo mismo que ya lo he vivido, en lo que me va a costar sacar completo el programa, levantarme a sufrir con series, intervalos, fartleks, distancias largas y demás, todo esto ya buscando no sólo completar los kilómetros, sino hacerlo en determinado tiempo cada uno de ellos.
Él, como siempre, tranquilo y sabio, me responde que entonces si no quiero hacerlo así tal y como él lo propone, entonces qué es lo que estoy buscando en estos meses donde no tengo programado ningún maratón, y mi respuesta es la misma “quiero mejorar lo que ya traigo entrenado”.
En ese momento yo solita vuelvo a entender que tengo hacerlo así, si no, en efecto no habrá mejora alguna respecto a mis tiempos actuales, y es entonces que acepto mi programa y vámonos a entrenar, aunque esto me cueste horrores.
Después, conversando con una compañera que también es entrenada por él, pero que sus metas son mucho más altas que las mías porque sus capacidades así se lo permiten, veo que le pasa lo mismo, también le “pesa” su entrenamiento en la cuestión de que francamente no es nada sencillo alcanzar los tiempos que ella debe ir dando, según avance en su programa.
Ella en estos momentos va un poco más avanzada en este tipo de entrenamiento, buscando mejora de tiempo y aunque le sigue pesando cumplirlo, por supuesto que ya ha empezado a ver cambios muy positivos en su ritmo a la hora de correr.
Caímos ambas en la cuenta después de desahogarnos mutuamente de lo pesado que es este tipo de entrenamiento, de que lo bueno cuesta, correr mejor de lo que lo hacemos, cuesta y cuesta mucho, no es lo mismo levantarte y salir a correr como dice nuestro entrenador a manera de broma “cortando flores”, a levantarte y salir a correr con un determinado ritmo en mente, a sufrir en la pista y completar cada repetición digamos con un tiempo límite.
Sé sin duda, que si se cumple el entrenamiento la mejora llega aunque tarda, llega, ya lo he vivido antes y cuando eso pasa se disfruta como pocas cosas en la vida, pero para llegar ahí, tenemos que esforzarnos mucho, trabajar diariamente y sin excusas, siempre recordando porque quisimos hacerlo y no perder de vista nuestro objetivo.
Como bien dice mi entrenador Tomas Castañeda “si fuera fácil cualquiera lo haría”, y es verdad, así como también es verdad que cuando algo te cuesta lo valoras más, así que aunque haya obstáculos, fracasos y tropiezos en el camino, que seguramente los habrá, nada deberá detenernos para alcanzar “eso” que tanto queremos, el esfuerzo de hoy será el éxito de mañana.


