Sangre nueva

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La raza que le va al equipo que tiene su estadio en La Pastora, está más que contenta por el accionar de su equipo.

Pese a todos los sobresaltos y contratiempos que han tenido que ver con todo tipo de lesiones que han afectado al grupo, las cosas han salido.

Y pese a todas las críticas, se han levantado. Su cuadro bajo es uno de los mejores de la liga en defensiva, ya que es el segundo que menos anotaciones recibe con 15 tantos, igual que Toluca, solo abajo de América que ha recibido 14.

Del partido del sábado, lo más destacable, por supuesto, después del triunfo de visita ante Pachuca, fue en el momento más intenso, cuando Tuzos intentaban reaccionar y arrinconar a Rayados en su área, llegaron los cambios y con los ingresos de Jonathan, Jorge Daniel López y Joaquín Alejandro Moxica, retomaron el control, se hicieron de la pelota, comenzaron a tocar, a mover el balón, a llevar el juego al campo tuzo.

Se notaron de inmediato las piernas frescas, la movilidad, la dinámica diferente que estos muchachos le pusieron, en contraste con la parsimonia de las figuras que ya no corren, ni se mueven, ni se muestran igual para pedir el balón, porque ya no tienen hambre como los chavos.

Habrá que decir que el juego ya estaba bien avanzando, que habría un cansancio natural, pero ni cuando acaba de empezar el juego, los titulares le meten esa movilidad al encuentro. También ingresó César Garza, pero no tuvo muchos minutos para mostrarse.

Triunfazo pues de las Rayas, con un juego menos ahí están arriba, al igual que Tigres, solo superados por el temporadón que está haciendo América.

Del Pachuca, ni hablar… Chuy Martínez Patiño, uno de los capos de la Liga MX, que en algún momento fuese sorprendido en una llamada telefónica haciendo arreglos con federativos de la Liga MX, no puede lamentar su desgracia de volver a ser un equipo del montón.

Y si están muy tri$tes, pueden sacar los millones de dólares que les dieron por Kevin Álvarez, Luis Gerardo Chávez, Mauricio Izaiz, Romario Ibarra y Christian Arango y limpiarse las lágrimas.

Y lo que son las cosas… todo mundo le besa los pies a Martínez Patiño porque instaló un negocio llamado la Egoteca del Futbol Mexicano (o Salón de la Fama, es lo mismo) donde hasta Richi Lavolpe, que apenas tiene un título que el Monterrey le regaló en 1993, y ya está en ese sagrado recinto.

No gana copas, pero vende humo. Y bueno, los Tigres, ya sabemos y lo dijimos. Ese es un equipo tan gitano, –como la sangre de su máxima estrella André Pierre Gignac– y tan variopinto, que dentro de su grandeza, suele ser tan generoso, que no solo le da satisfacciones a sus seguidores, sino también a las aficiones de sus rivales.  Seguido lo hace.

Suele apretar tantito, presiona, se apura y cuando parece que saca el resultado y todo mundo se ve contento, comparte esa felicidad y hace que los rivales también festejen.

El sábado a las 17:00 horas, como hace muchos ayeres no ocurría, con un clima más benevolente y sabroso, los felinos se enfrentaron al Atlético de Madrid azteca del altiplano potosino.

Cuando pensaban que ya tenían el triunfo, vino aquel muchacho que pintaba para estrella en los Tuzos, que se llama Dieter Villalpando (de la generación de Pizarro, Burrito, Chucky, Guti, Brizuela) y largó un zapatazo que Nahuel –¡cuándo no!, la tenía que nahuelear– la dejó pasar porque pensaba que iba a la tribuna y nada… p’adentro.

Guzmán es el reflejo de ese Tigres agrandado, soberbio, arrogante, que juega con sus rivales como gato con una bola de estambre, los consiente y de pronto les meten un bofetadón como fue ese gol que el arquero felino no tuvo ganas de meterle las manitas para no estropearse el manicure.

—  PD:  Se acaba el torneo y casi todos –no, Necaxa, tú no– siguen con posibilidades de meterse a la Liguilla.

La liga de México es una simulación. Cuatro equipos se arman bien para ganar la Copa y los otros, todos los demás hacen negocios con el tráfico y trata de personas con tachones… que la gente paga por verlos porque cree ingenuamente que saben jugar futbol.

Y no. No todos…  ¿Han visto un centrodelantero de apellido Di Yorio que cobra en Pachuca?… es una farsa.

Hasta su afición lo abuchea porque parece una señora obesa tratando de lucir en un cuadrilátero de lucha libre. Y la gente paga por verlo… ¡Pfff!

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