A prueba

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Decir que Reynosa está a prueba, puede ser cierto; pero, no necesariamente refleja la terrible situación que padece la comunidad. Más bien, habría que decir, como Unamuno, que los hombres y mujeres de este rincón donde la patria comienza, están a prueba. Miles de personas sufrieron severas afectaciones por las lluvias atípicas que se presentaron el 28 de los corrientes, muchas perdieron todo y se habla de dos personas fallecidas. Los chubascos no afectaron a todos por igual.

Por ello ha llegado el momento de que quienes estuvieron a salvo, acudan prestos a llevar auxilio a quienes se encuentran en desgracia. No importa cómo, cuánto, dónde o a quién; lo trascendente es que todos quienes en esta colectividad viven y trabajan, demuestren la calidad humana que ha permitido que la especie sobreviva todas las catástrofes habidas y por haber; que, como dice la Biblia: a Dios rogando y con el mazo dando.

Quizá haya quien sólo tiene una escoba; esa podría servirle para limpiar una escuela, una plaza, una calle. Otros pueden llevar alguna despensa, ropa y equipamiento doméstico a los que tuvieron que dejar sus hogares. Tratándose de gente pudiente, destinar algo para aliviar el dolor ajeno, porque los daños fueron muchos y de naturaleza variada. Si todos quienes aquí están, ayudan, pronto Reynosa recobrará su dinámica y entonces podrá cada quien volver a sus propios asuntos.

Hay una leyenda guaraní, del Paraguay, que cuenta que un día hubo un enorme incendio en la selva. Todos los animales huían despavoridos, menos un colibrí que iba y venía del lago al bosque encendido. Asombrado el jaguar le preguntó; -Qué haces colibrí? -Voy al lago, tomo agua con el pico y la traigo para apagar el fuego. Yo sé que solo no puedo apagarlo; pero, tengo que hacer mi parte. Esta selva es mi hogar… Me alimenta, me da cobijo a mí y a mi familia, y estoy agradecido por eso.

En este momento no vale pensar en los responsables de la tragedia. La realidad se impone y esta es muy clara en cuanto que muchas familias reynosenses han perdido su patrimonio y es momento de que el resto manifieste su solidaridad, sin etiquetas, nomás por el sublime placer de ayudar a quien lo necesita. Ya habrá tiempo de echar culpas y fincar responsabilidades, más cuando pronto se hará vigente la Reforma Judicial que despercudirá ese sistema viciado.

Escribió Daniel Habif: “No se necesitan razones para ayudar, para dar y amar, ya que no es un mérito, sino un placer que nace del alma. Duele cuando hay fallas, y es un reto sublime dar sin esperar, ya que damos porque nos sobra por dentro, no porque nos falta; así que quien da exclusivamente desde la conveniencia se convierte en esclavo de un vacío. Donde se entrega genuinamente, te extrañan para siempre”.

Tiempos de prueba, no para Reynosa; sino para sus hijos, nativos o avecindados, que, bien o mal, de aquí comen todos.

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