El tiro por la culata

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Allá, en mi ya muy lejana infancia, afirmábamos que: “Con paciencia y salivita, una hormiguita planchó a un elefante”. La parte moderada del pueblo norteamericano, a diferencia de los progresistas, que han manifestado una abierta oposición al aventurerismo megalómano del presidente Donald Trump, han optado por dejar que él mismo se enrede en la pita y caiga víctima de sus excesos. Una prueba contundente de ello fue su larga perorata ante los perplejos senadores republicanos.

Demandó lealtad y esgrimió como amenaza que el mundo (su mundo), se acabará si los republicanos no mantienen el control del Congreso de la Unión Americana. Quizá alguien lo percibió como jovial y gracioso, para el resto fue grotesco su empeño en demandar sumisión de los congresistas afirmando que ha sido el mejor presidente de la historia de su país y por tanto merecedor, no únicamente de respaldo, sino de reconocimiento y simpatía.

Mientras él se regodeaba, sus estrategias se derrumban una a una: La Suprema Corte de Justicia fue contundente al declarar la inexistencia del Cartel de los Soles, que supuestamente lideraba el presidente Maduro para traficar estupefacientes a EU. “Bombardear una capital y sacar por la fuerza al presidente de un país extranjero sienta un precedente peligrosísimo”, señaló el senador Rand Paul, uno de los pocos republicanos críticos del operativo.

Las manifestaciones en contra de las políticas belicista del gobierno de Trump han sido muy significativas, tanto a nivel popular como de figuras relevantes de la política, la ciencia, el arte y los deportes, mientras el caso jurídico en contra de Nicolás Maduro empieza a hacer grietas y es posible que se prolongue por mucho tiempo, exhibiendo los abusos que percudieron el debido proceso, con lo cual, puede ser desechado a la luz de la propia ley estadounidense.

Quizá por ello, se espera que en esta o la próxima semana el Senado vote una resolución de poderes de guerra que buscaría impedir nuevas operaciones en Venezuela sin autorización explícita del Congreso. Así mismo, acotar la capacidad de decisión presidencial para entrar en conflictos extraterritoriales que no están debidamente analizados y avalados por el Congreso. Mientras ello ocurre, avanzan los procesos abiertos por manipulación electoral, el asalto al Capitolio y el Caso Epstein.

En el editorial del New York Times del 3 de enero, se afirma que: “En el caso de Venezuela, un debate en el Congreso pondría al descubierto la fragilidad de la lógica de Trump. Su gobierno ha justificado sus ataques contra las pequeñas embarcaciones alegando que suponen una amenaza inmediata para Estados Unidos. Pero un grupo variado de expertos jurídicos y militares han rechazado esta afirmación, y el sentido común también la refuta. Un intento de introducir drogas de contrabando en Estados Unidos (si es que, de hecho, todas las embarcaciones lo estaban haciendo), no es un intento de derrocar al gobierno o derrotar a su ejército.

Este profundo análisis termina diciendo: “Mantendremos la esperanza de que la crisis actual acabe menos mal de lo que esperamos. Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un mayor sufrimiento para los venezolanos, un aumento de la inestabilidad regional y un daño duradero para los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Sabemos que el belicismo de Trump viola la ley”.
Otra vez, la paciencia rinde frutos.

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