La brigada errante y celeste

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¿Se necesita arraigo para querer a un equipo? No necesariamente. Aunque sí es lo deseable.

Se recuerda el caso típico del equipo inglé Norther Nomads (Nomadas del Norte), de principios del Siglo XX, que le hacía justo honor a su designación: jugaban entre Mancheser y Liverpool, sin llegar nunca a asentarse en ninguna de las dos ciudades.

En México el torneo inicia este 2026 con un equipo que, sorpresivamente, tampoco ha encontrado hogar. Cruz Azul ahora puede ser llamado la Brigada Errante, pues jugará en el Estadio de Puebla, en la capital de ese estado. La temporada pasada tuvo como escenario propio otro patio prestado, el Olímpico Universitario de la UNAM de donde fue echado por incumplir con cuestiones administrativas.

Me recordó el caso del Atlante, actualmente en segunda división. Ha jugado en Zacatepec, Nezahualcóyotl, Cancún y en la Ciudad de México en el Azteca, Ciudad de los Deportes (Estadio Azul) y hasta en el Olímpico de Pumas. Tiene una feligresía cautiva, pero cada vez más diluida. Es complicado querer a un amor elusivo, que anda entre ciudades, rechazando ser amado como una novia fugitiva.

En el caso de La Máquina celeste parece inexplicable que un equipo propiedad de una empresa sólida y de renombre como es la Cementera Cruz Azul, sociedad cooperativa, carezca de su sede propia. Los que construyen casas no tienen una propia. Lo suyo es pagar renta y andar de aquí para allá, como si se anduvieran mudando de vecindades, para encontrar un estebilidad que no les ha llegado.

Es bueno aclarar que el club cruzazulino sí tiene un estadio, el 10 de Diciembre, ubicado en la Ciudad Cooperativa Cruz Azul, en Tula Hidalgo. Sede, precisamente, del Atlético Hidalgo, sucursal Pachuca. Le caben 17 mil almas y como que no se ve como un foro apropiado para el máximo circuito. Aunque alguna vez si los albergó durante ocho temporadas a finales de la década de los 60.

Cruz Azul tiene aficionados a nivel nacional. En la década de los 80, la difusión de sus partidos los sábados en la tarde en la gran televisora nacional y su futbol alegre, le agenciaron la simpatía de toda una generación, que optaba por un equipo nacional menos afrentoso que el América, que era también capitalino, pero con un público muy distinto. También lo siguen en Hidalgo, donde dividen querencia entre los aficionados con Tuzos.

Hay quienes lo consideran aún un equipo de los llamados grandes del balompié nacional. El remoquete se le ha quedado por tradición, porque en la práctica ya es uno más, sin grandeza, superado por algunos otros, como Tigres, Rayados y Toluca, que han tomado el real protagonismo del juego en México.

De cualquier manera, un equipo con prosapia como La Máquina, fundado en 1927, a un año de cumplir el siglo, está obligado a darle a sus seguidores estabilidad. Ni siquiera en la capital del país, donde está el cimiento de su base de fans, tienen el gusto de poder ir a verlos en vivo y en directo.

Ojalá arreglen pronto sus problemas financieros y la empresa que produce cemento, pueda destinar algo de su material para construir una casa digna del nombre. Ya hay un plan, pero sin maqueta. El proyecto avanza lento y no tiene para cuando iniciar.

Que lo hagan por el bien del futbol mexicano, que merece un Cruz Azul presentable y en forma plena.

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