El doble rostro del arsenal: México importa récord de armas mientras denuncia el tráfico ilegal

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El discurso oficial en foros internacionales denuncia con vehemencia el tráfico ilegal de armas provenientes de Estados Unidos, que alimenta a los cárteles de la droga.

Sin embargo, el reciente Informe Anual sobre Exportaciones e Importaciones de Armas Convencionales 2025, presentado por el gobierno mexicano ante la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU, revela una realidad incómoda que pocos quieren discutir.

México también es un importador masivo de armamento legal, y sus compras récord en 2025 incluyen desde pistolas de alto calibre hasta 5,032 lanzacohetes antitanque RPG-75M.

La pregunta que surge es inevitable: mientras el Estado mexicano se arma con tecnología israelí, checa y estadounidense, ¿qué garantías existen de que ese arsenal no termine, por desvío o corrupción, en las mismas manos criminales que dice combatir?

Según el informe del Small Arms Survey con sede en Suiza (actualización 2025), México ocupa el tercer lugar mundial en número total de armas de fuego en posesión de civiles, solo superado por Estados Unidos (393 millones) y la India (71 millones).

Con más de 16.8 millones de armas, nuestro país supera a Brasil, Rusia y Alemania en términos absolutos. Pero lo más grave es que el 90% de ese arsenal es ilegal o no está registrado.

En materia de decomisos anuales, México también figura entre los cinco primeros del mundo: la Sedena reporta un promedio de 30,000 a 40,000 armas aseguradas al año, la mayoría en operativos contra el crimen organizado.

Sin embargo, el flujo ilegal desde EE.UU. supera con creces esa capacidad de confiscación.

El Otro Lado de la Moneda

El Informe ATT 2025, presentado el 1 de junio de 2026 por la SRE a través de la Directora Daniela Ruiz Domínguez, revela un panorama contrastante.

Mientras México no exportó armas pesadas (tanques, artillería o aeronaves de combate), sus importaciones superaron con creces los envíos al exterior.

Las cifras son elocuentes:

11,173 pistolas y revólveres importados desde EE.UU. (Sig Sauer, Colt, Glock), Brasil (Taurus), Israel (IWI), Italia (Beretta), República Checa (CZ), Eslovaquia y Turquía.
4,030 fusiles y carabinas, principalmente de EE.UU., Italia, Turquía y República Checa.
8,096 fusiles de asalto, casi todos de Israel (6,246 unidades) y Turquía (1,850).
200 ametralladoras ligeras, también de origen israelí.

5,032 lanzacohetes antitanque RPG-75M calibre 68 mm, fabricados por Zeveta Ammunition de la República Checa, destinados exclusivamente a personal militar.

El informe aclara que estos equipos están destinados a corporaciones de seguridad pública, personal militar (Ejército, Fuerza Aérea y Marina) y, de manera relevante, a 7,115 civiles con fines de tiro deportivo y recreativo.

El problema no es que México se arme legítimamente. Es que, en un país donde la corrupción ha permeado las instituciones, no existen garantías suficientes de que ese arsenal legal no termine desviado hacia el mercado negro.

Los lanzacohetes RPG-75M, capaces de destruir vehículos blindados, son un ejemplo extremo.

Si bien están destinados al Ejército, la historia reciente de México está llena de casos donde armamento militar fue sustraído, vendido o “perdido” en operativos.

La desaparición de fusiles de la Sedena en sexenios anteriores no es un mito: es un hecho documentado.

Además, el propio informe reconoce que México decidió no poner a disposición del público el reporte completo de importaciones, y que los valores monetarios (campo “Valor 10”) se dejaron mayoritariamente vacíos.

Las descripciones técnicas son genéricas, lo que dificulta el escrutinio ciudadano.
En la geografía del crimen organizado, México ocupa un lugar trágicamente destacado.

No solo por ser un país de tránsito y consumo de drogas, sino por el violento ecosistema que ha convertido en el segundo país con mayor número de homicidios a nivel global.

Detrás de esta estadística se esconde una realidad ineludible: el arsenal de los cárteles mexicanos, que les permite desafiar al Estado con poderío militar, proviene en su abrumadora mayoría de Estados Unidos.

Este flujo constante de armas, que expertos denominan el “río de hierro”, es la gasolina que enciende la guerra contra el narcotráfico y la violencia endémica que desangra a la nación.

La pregunta que debería resonar en ambos lados de la frontera es: ¿cómo es posible que, mientras México sufre, el principal proveedor de su violencia sea su socio comercial más importante?

El alcance del problema trasciende la frontera entre México y EE. UU. La reciente designación de los cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras por parte del gobierno estadounidense no ha hecho más que evidenciar la naturaleza global de su poderío bélico .

La seguridad de México no se resolverá únicamente con el despliegue de la Guardia Nacional o con el encarcelamiento y extradición de capos.

Se requiere una acción decidida desde el país que fabrica y vende las herramientas del crimen. Mientras el “río de hierro” siga fluyendo sin control, la paz en México seguirá siendo una quimera y el número de muertos, una estadística imparable.

Mientras las cifras de posesión de armas en México sigan creciendo y el flujo ilegal desde EE.UU. no se detenga, las estadísticas de homicidios seguirán siendo nuestro verdadero ranking mundial: el de la sangre derramada por un “río de hierro” que nadie logra represar.

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