Aquel difícil prólogo…

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Un día que parecía como cualquier otro, sonó mi teléfono a media mañana. Era una llamada de Omar Cervantes. Me dijo: “Susy, escribí un libro que he titulado “Rendirse para Triunfar” y quiero pedirte que escribas el prólogo.” Hice silencio por un rato que pareció eterno. Me sentí halagada y al mismo tiempo preocupada; especialmente por el tema que el libro trataba. Además, las palabras “rendirse” y  “triunfar” me parecían difíciles de conciliar en una sola frase, que además, era ni más ni menos que el título del libro. Pero le dije que sí.  Me envió el texto, lo leí, me estrujó el alma…Era una narrativa llena de humildad, de valentía y autenticidad. El difícil camino de la sanación de heridas profundas, la encarnizada lucha contra los demonios interiores, la bitácora del viaje de entrada y salida de nuestros propios avernos.

“La obra de Omar Cervantes nos comparte la experiencia de atravesar el camino de la contrición, la expiación y la redención. Es dejar de temerle al proceso del dolor del alma y abrazar el propósito de enmienda; es atravesar por el proceso de purificación con fe y valentía; es dejar de ser un esclavo o cautivo del ego y sus debilidades que nos atormentan; es renacer y verdaderamente empezar a vivir. Se trata de un camino en el que cuerpo y alma viajan juntos hasta alcanzar la alegría de vivir.” Pocas veces he leído textos tan impregnados de sinceridad y al mismo tiempo de determinación, y transformación.

 Siempre reconocí en Omar a un excelente periodista y comunicador, a un estratega de la comunicación en todos sus ámbitos profesionales. Pero esta vez, tenía en mis manos la historia de su humanidad, de un ´triunfo personal, del valor con la que un hombre se confronta a sí mismo, se quiebra, y se reconstruye y enriquece su existencia cuando la abraza con humildad, coraje y fe.

 A lo largo de la lectura, hubo pasajes que me llenaban los ojos de lágrimas, me temblaban las manos, me formaban un nudo en la garganta; y en otros, me llenaban de ternura, de calidez humana, de empatía, de comprensión y hasta me hacían sonreír…Especialmente porque al final, luego de tan duras batallas, hay un final más que feliz…es un final redentor. El triunfo del hombre sobre sí mismo.

Gracias Omar, por todo y por tanto.

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