La política es un vaivén de emociones, pero sobre todo de intereses. Lo que hoy se vende como bueno, mañana se desecha por malo; el candidato que ayer era catalogado como un redentor honesto por el “pueblo bueno y sabio”, hoy puede terminar en la hoguera del desprecio público.
Cuando se dio la elección que encumbró a Francisco Javier García Cabeza de Vaca, las cúpulas del poder fáctico lo apoyaron con todo para convertirlo en gobernador.
El grupo de Octavio Leal Moncada le entregó su respaldo absoluto; estaban profundamente resentidos con el PRI, con el entonces mandatario Egidio Torre Cantú y con el candidato oficial Baltazar Hinojosa Ochoa.
En una entrevista realizada en su momento por el periodista Felipe Martínez Chávez en el ejido Corpus Christi, municipio de Padilla, Octavio Leal Moncada hacía referencia a su trabajo comunitario, pero también a las pragmáticas decisiones políticas que solía tomar. Aquel texto se redactó a unos días de la elección extraordinaria para el Senado de la República, por lo que vale la pena reproducir algunas líneas:
—¿Ha platicado con el gobernador Américo Villarreal o algún funcionario?
—No, con nadie. Para hacer política no necesita uno platicar con funcionarios —respondió tajante.
Minutos después, Leal Moncada pronunciaba un discurso de 16 minutos frente a los lugareños de Corpus Christi. El experimentado orador arremetía contra “los sátrapas, ladrones y sinvergüenzas” y contra “el señor que pensó que con la cárcel nos intimidaba”, aludiendo directamente a los operadores del pasado panista. “Era preferible la cárcel”, arengaba enseguida, «”a cruzarse de brazos y traicionar nuestra conciencia, porque no somos esclavos de la autocracia”. Acto seguido, invitaba al cierre de campaña de José Ramón Gómez Leal, programado en el auditorio de Hidalgo, urgiendo a votar por él.
Hasta aquí la cita. El “sátrapa, ladrón y sinvergüenza” al que se refería el líder regional no era otro que el exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, con quien había roto cobijas de manera violenta, razón por la cual decidieron mudar sus canicas y entregarle el apoyo a Morena en la contienda estatal.
Sin embargo, la ironía de la grilla es monumental: mientras despotricaba contra el mandatario panista, Leal Moncada operaba la estructura electoral a favor de su propio cuñado, José Ramón Gómez Leal. Con unos sí y con otros no. Mientras el parentesco con García Cabeza de Vaca volvía tóxico el ambiente, el JR resultaba un candidato impecable a sus ojos, operando las redes necesarias para convertirlo en senador de la República.
Hoy, el senador José Ramón Gómez Leal busca afanosamente la oportunidad de convertirse en el candidato de Morena a la gubernatura, pero se encuentra severamente debilitado. Su cuñado, García Cabeza de Vaca, arrastra la etiqueta de prófugo de la justicia en México.
Adicionalmente, su principal padrino y protector, el exsecretario de Gobernación y actual senador Adán Augusto López Hernández, se percibe arrumbado en la congeladora política, siendo evidente la frialdad que emana desde el despacho de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La estrella de Adán Augusto se eclipsó de forma estrepitosa tras la captura de quien fuera su secretario de Seguridad Pública, identificado formalmente como una pieza clave de la organización delictiva conocida como La Barredora.
Por si esa desgracia fuera poca, en los pasillos de la alta política se insiste en que tanto él como el JR están profundamente implicados en la mafia del huachicol fiscal y en las redes de corrupción aduanera.
Es de dominio público que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se les entregó el control absoluto de las aduanas estratégicas de Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros y Altamira en Tamaulipas, además de otras tantas en el resto del país.
El tablero político se vuelve a sacudir y a reacomodar de forma abrupta. La captura de Octavio Leal Moncada altera de tajo las estructuras de control en la zona centro del estado, un golpe seco que impactará de lleno en los resultados de las próximas elecciones locales y en la misma carrera por la gubernatura. Hablamos de decenas de miles de votos corporativos que se movilizan bajo una sola orden y que hoy no tienen un rumbo fijo.
Mientras tanto, el hombre señalado por la justicia mexicana, el exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, disfruta plácidamente de su libertad en el extranjero. Sin el menor pudor, presumió imágenes disfrutando de un exclusivo encuentro en el mundial de fútbol, viendo el partido entre Portugal y Colombia en Miami, con boletos cuyo costo resulta inalcanzable para la inmensa mayoría de los mortales.
Al final del día, la libertad y la impunidad se gozan al máximo; con el dinero suficiente, hasta los caprichosos vaivenes de la justicia y la política se pueden comprar.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
Contacto:


